Con un fracaso, millonarios

Uno podría plantearse distintos tipos de círculos en los que una cosa da a otra, y esta remite a la primera. Se trata de sistemas que se retroalimentan. De eso depende la continuidad y aparente estabilidad de diversos fenómenos naturales y sociales -ya que si bien suelen haber desequilibrios que a la larga terminarán interrumpiendo la repetición, es a un plazo tan largo que pareciese que las cosas seguirán igual por siempre.
A dichos círculos los llamamos a veces de viciosos o virtuosos, dependiendo de la valoración que hacemos sobre ellos. En muchos casos será fácil hallar un acuerdo sobre la calificación más adecuada, pero en otros resultará difícil hallar tal acuerdo. Adivino que lo que voy a plantear se topará con esa discrepancia.
Supongamos que la canasta básica para una familia es un cierto valor, llamémosle 100 -como indicando que el 100 por ciento de las necesidades está cubierto. Supongamos también que los adultos de esa familia trabajan en conjunto una cierta cantidad de horas J, tales que son 8 o menos horas por día, nunca más de 6 días a la semana.
¿Existirá alguna razón aceptable para que alguien quiera ganar más de 100 o trabajar más de J? Pues sí.
Alguien puede querer trabajar más de J ya que considera que su trabajo resulta especialmente satisfactorio o es de una gran necesidad para la sociedad. Ambas son cosas que se pueden comprender, aunque en la actual situación en la que los trabajos resultan generalmente alientantes no sea en lo primero que pensamos. Porque nótese que nunca dije que la familia en cuestión recibe 100 porque trabajan J. Simplemente ambas cosas ocurren.
Ahora bien, asumamos que puede existir un caso en que alguien quiere trabajar más que J. ¿Será bueno que lo haga? El exceso de J puede ser bueno, si se maneja con cierta medida. Alguien que se dedica a investigar un nuevo conocimiento, a crear objetos bellos, a atender a personas con necesidades o a producir cosas necesarias brindará más a la sociedad si trabaja más que J. Sin embargo, si el exceso de J es tal que se resiente su tiempo de descanso, su tiempo para compartir con su familia y amigos, entonces el beneficio que se produce, comenzará a compensarse con una insatisfacción personal que a la larga comenzará a deteriorar las condiciones de convivencia.
Por lo anterior podemos concluir que no es bueno trabajar más de J, excepto cuando trabajamos sólo un poco más que J y durante un tiempo limitado. Recuérdese que estamos considerando el caso de una familia que no tiene necesidades insatisfechas.
Ahora bien ¿existirá alguna razón legítima por la que alguien quiera ganar más que 100? También las hay. Alguien podría querer comprar un instrumento musical especialmente caro, hacer una reforma en su casa, tener dinero para un viaje especialmente largo, colaborar en alguna causa que recibe donaciones. Asumo a efectos de esta consideración que educación y salud son cubiertos por el Estado
Ganando un poco más de 100 se podría ir ahorrando para cubrir dichos gastos. Ahora bien, ¿qué pasaría si alguien ganase mucho más de 100? Pues entonces el exceso en lo que se adquiere puede tener dos destinos: se compra más de lo que se necesita, o se acumula el excedente. Si se compra más de lo que se necesita se habrá mal gastado el esfuerzo en producir cosas ya que lo que se tendrá no se usará bien. Usar algo necesita tiempo y no tendremos tiempo para todo. Si alguien compra dos bicicletas iguales, no podrá usar ambas a la vez. Si alguien tiene tres pantalones está muy bien. ¿Pero para que tener 30? Tener en exceso supone que el la cantidad de trabajo destinada a satisfacer el exceso es mayor, sin que reporte ningún beneficio.
Y si alguien simplemente acumula el excedente -asumimos que no es el ahorro colectivo para cubrir vejez, invalidez, o catástrofes naturales- lo que hace es despreciar el trabajo amontonado su referencia abstracta con preferencia a su concreción material. El dinero sobre las cosas.
Así pues, es bueno trabajar lo justo, y en algunos casos trabajar apenas más. También es bueno ganar lo justo, y en algunos casos apenas más. Tal par de cosas establecen bases para círculos virtuosos. Especialmente en una sociedad en la que la retribución proviene de lo trabajado.
Porque si trabajando J conseguimos 100, trabajando apenas más de J obtendremos apenas más de 100. No habrá pues ni un deterioro de las condiciones de convivencia ni tampoco un deterioro en el uso del fruto de lo trabajado.
Pero nótese que la sociedad en que vivimos se basa en el nivel constante de insatisfacción. Real o imaginaria, se presiona para que se trabaje más, y para que se tenga mayor “productividad” (producir más con menos en igual o menor tiempo). Tal cosa conduce a trabajar mucho más de J, con deterioro de la vida personal y colectiva. La insatisfacción por ello conduce a que se quiera tener más cosas a fin de ahogar la mala sensación, ya que la ideología dominante no permite que veamos el origen de problema. La constante compra de objetos presiona a trabajar más, y a tener cosas que nunca usaremos. Y además a ahorrar recursos que nunca o casi nunca tocaremos. Y para que eso siga andando se deprimen los ingresos de unos para acrecentar los de otros. Con lo que los “deprimidos” trabajarán aún más para… comprar lo que necesitan, o lo que les han hecho creer que necesitan. Esa presión de mayor compra, como será compra de lo innecesario producirá basura innecesaria, y ésta es siempre un problema grave en cualquier sociedad en la que la velocidad a la que los desechos son reabsorbidos por el mundo físico es menor que la velocidad a la que son producidos.
Así que cuando te dicen, “Los salarios altos son deseables porque ellos determinan una demanda que crea trabajos menos calificados”… están justificando un círculo vicioso. Y cuando te dicen “La obsolescencia programada es deseable para mantener funcionando la máquina industrial”, también. Y cuando se te pide mayor productividad. O que seas más trabajador. Y cuando te invitan a cambiar de celular todos los años -siendo que el anterior anda aún bien. O a tener un auto privado cuando lo único que haces es ir de tu casa a un trabajo al que puedes llegar en ómnibus. A tener demasiada ropa, o tantas cosas más.
Todo eso son manifestaciones de círculos viciosos.
Por el contrario, trabajar la cantidad adecuada para cubrir las necesidades, apoyar las iniciativas que disocian el trabajo realizado de los ingresos recibidos, tener ingresos que cubren las necesidades excepto para proyectos puntuales, se eficaz pero sin desesperar por la eficiencia, no entrar en la maquinaria de la competencia económica colectiva, apuntar a la reutilización de los desechos, prolongar la vida útil de las cosas que disponemos, todo ello apunta a un mejoramiento de las cosas.
Todo eso manifiesta círculos virtuosos.
Pero cuidado: no imaginen que en tal estado de cosas van a poder vivir como una familia de una serie de televisión, o cómo en los anuncios de publicidad. Se trata de optar por la modestia en el tener y el usar. Se trata de elegir “TRANCAR la economía”. Ya que cuando se dice usualmente “la economía” se dice un cierto modelo económico como si fuese el único posible.
Y así cómo dentro del capitalismo hay más de un modelo económico -por ejemplo, no es igual el manejo keynesiano que el neoliberal aunque ambos responden al mismo sistema que incluye ambos modelos- tampoco dentro del socialismo hay un único modelo posible.
Un socialismo que apunta a desarrollar las fuerzas productivas pero NO a saturar su desarrollo, que apunta al uso tecnológico pero ralentizando la velocidad económica para permitir que los desechos no superen su reabsorsión, sería un modelo virtuoso. Consiste en aprovechar lo mejor de las experiencias de las economías que ya no son -las cámaras Zenit de la antigua URSS aún siguen muchas funcionando si usted quiere tomar fotos con rollo, ¡y tienen más de 40 años!: negación total de la obsolescencia programada. Y en ir hacia una nueva forma de entender la producción y la REPRODUCCIÓN de las condiciones de vida.