El final de una etapa o la etapa de un final

En el 2002 la economía del Uruguay fue destruida. Después de eso, el gobierno aplicó recetas restrictivas que mantuvieron el ojo en los números fiscales, dejando librada a la gente a su suerte. Tal cosa es lo que pretende la teoría liberal y la teoría neo liberal del Estado.
Luego ganó el Frente Amplio.
Y comenzó a intervenir -tímidamente- en lo económico. E inyectó dinero en las familias. Y favoreció proyectos de inversión -el gobierno anterior sólo había logrado la reapertura del hipódromo de Maroñas y la instalación de muchas salas de timba. Y el Uruguay, en una coyuntura favorable, remontó.
Es claro que después de la destrucción, era necesaria una etapa neo desarrollista. El desarrollismo es la suposición de que los males de un país se deben a su “subdesarrollo”, como si el mismo fuese una tara local, que nos sostiene en la infantilidad, y nos impide gozar de los bienes del mundo “desarrollado”. La metáfora con el crecimiento humano es muy sugerente y efectivamente seduce.
Pero lo cierto es que no existe tal cosa como países desarrollados y subdesarrollados. Lo que existe son países subdesarrolladores.
Países que se encargan de que otros sean sólo productores de materias primas, países que hacen que otros sean perennemente tributarios de su ciencia y tecnología, países que hacen que otros menosprecien su cultura y valoren sólo la ajena.
Y no lo hacen porque sean malvados: lo hacen porque así obtienen mayor ganancia.
Pero lo cierto es que cuando uno tiene la economía destruida, incluso acceder a ese estatus de “desarrollar el subdesarrollo” es importante. Así fue muy importante la construcción de las pasteras, y de la infraestructura del puerto para contenedores, y hubiera sido magnífico que se instalara la minera Aratirí -estropeando el 0,5% de la superficie del Uruguay-, y hasta que hallaran petróleo. Todas actividades que tienen que ver con ocupar el modesto lugar de país subdesarrollado del que se dice está en “vías de desarrollo”. Que viene a ser como un niño que hace los deberes.
¿Porqué es eso importante?
Porque lograr esa inserción en el mercado mundial en situación de dependencia generó los dineros para poder atender la emergencia social reduciendo la indigencia. Porque permitió mejorar la salud pública. Permitió tímidamente mejorar la enseñanza. Permitió mejorar los sueldos de los trabajadores públicos, que pasaron de una indigna miseria a cifras bajas pero que permiten vivir. Permitió los fondos concursables en cultura. Mejorar la UdelaR. Completar el SODRE. Etcétera.
Era totalmente necesaria una década de tal talante.
Estos últimos años del tercer gobierno, por el contrario, son innecesarios.
Este Poder Ejecutivo, traicionando la historia del Frente Amplio y las concepciones auténticamente populares, se ha abocado a sanear los números -cosa que se debe a desprolijidades en el manejo del gobierno durante la presidencia de Mujica- y en lugar de hacerlo mientras al mismo tiempo comienza a profundizar las relaciones democráticas a lo largo y ancho de la sociedad, mientras comienza a brindar más poder a los trabajadores, grupos locales y grupos de interés… no. Lo que hizo fue ordenar los números poniendo un énfasis en los aspectos fiscales. ¡Caramba justo como los gobiernos neoliberales!
Y eso es así porque la ideología dominante nos ha penetrado hasta el corazón mismo del Frente Amplio.
Algunos creen que estar mejor es disponer de más bienes, de más viajes, de más dinero para salir. Discrepo. Estar mejor es hacerse con el poder de decidir por sí, incluso cuando se dispusiera de iguales o menos bienes, incluso con iguales o menos viajes, incluso con igual o menos dinero para salir. Lo importante es hacerse cargo del curso de la propia vida, entendiendo que esta es algo más que comprar y comprar.
Era previsible que al lograrse una reiterada supremacía electoral del Frente Amplio lo que ocurriría es que las clases dominantes lo infiltrarían. Y fíjense que bien que lo logran: el ex vicepresidente y actual canciller está casado con la séptima persona más rica de este país. El presidente es un empresario médico. El ex ministro (reciente) de Ganadería y Agricultura es un gran productor arrocero. El ex prosecretario y subsecretario del interior -hermano del presidente- es empresario en seguridad. Etcétera.
Todos prendidos a las formas de entender y obtener ganancias dentro del capitalismo. ¡Es el sueño de aquél reportaje de Mujica que reclamaba un capitalismo bueno!
Pues bien, no hay capitalismo bueno.
El capitalismo siempre es sufrimiento y destrucción. La unidad de medida del capitalismo no es nuestro país. Supone siempre -en este estadio de su desarrollo- un sistema en el que un país central (que es el centro de un sistema imperialista) está rodeado por varios países periféricos, en algunos de los cuáles puede haber algo de “orden y progreso”, y en otros de los cuáles hay constantes guerras fratricidas. Todos integramos una unidad en ese sistema.
Una vez cumplida la etapa neo desarrollista, hay que moverse hacia adelante. Hay que girar a la izquierda. Hay que avanzar a una etapa democrática avanzada.
Para eso hay que pensar bien en qué candidato presidencial queremos.
Yo digo que el FA no debe tener un candidato empresario. Ni debe tener un candidato tecnócrata.
El candidato debe ser un trabajador.
Y la línea debe centrarse en la transformación política del Uruguay en un estado en el que se comience por dejar atrás la funesta constitución del 67, creada por los partidos tradicionales.

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Soberanía Popular y los conservadores

“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. Eso dijo Artigas y desde las escuela nos lo enseñan. Es una frase que implica concepciones teóricas, como casi toda otra frase que hallemos lo hace. Pero en este caso se trata de concepciones relevantes.

Artigas dice que la autoridad que él tiene parte de una asamblea popular formada por fuera de los mecanismos institucionales legalmente vigentes, y que es la presencia de esa asamblea la que es soberana. (Que algo o alguien es soberano o soberana, indica que es aquél de quién legítimamente emana el poder de dictar leyes y órdenes ejecutivas).

Artigas está apelando por un lado a la tradición filosófica en ese momento muy reciente, la de Juan Jacobo Rousseau, que decía que los hombres se reunían y establecían por esa reunión un cierto “contrato” del cuál emanaba toda autoridad política que posteriormente existiera en el estado. Yo personalmente no soy “contractualista”, no creo que la autoridad parta de ningún contrato, pero estoy indicando cuál es la concepción en la que se basaba Artigas para decir eso.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con lo que la práctica histórica que estaban desarrollando implicaba. Había una reunión de criollos, seguramente muchos de ellos armados, muchos de ellos integrando el bastante informal ejército, y de ese grupo surgía la autoridad, que nacía y se extinguía en su so”Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra prescencia soberana”. Eso dijo Artigas y desde las escuela nos lo enseñan. Es una frase que implica concepciones teóricas, como casi toda otra frase que hallemos lo hace. Pero en este caso se trata de concepciones relevantes.

Artigas dice que la autoridad que él tiene parte de una asamblea popular formada por fuera de los mecanismos institucionales legalmente vigentes, y que es la presencia de esa asamblea la que es soberana. (Que algo o alguien es soberano o soberana, indica que es aquél de quién legítimamente emana el poder de dictar leyes y órdenes ejecutivas).

Artigas está apelando por un lado a la tradición filosófica en ese momento muy reciente, la de Juan Jacobo Rousseau, que decía que los hombres se reunían y establecían por esa reunión un cierto “contrato” del cuál emanaba toda autoridad política que posteriormente existiera en el estado. Yo personalmente no soy “contractualista”, no creo que la autoridad parta de ningún contrato, pero estoy indicando cuál es la concepción en la que se basaba Artigas para decir eso.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con lo que la práctica histórica que estaban desarrollando implicaba. Había una reunión de criollos, seguramente muchos de ellos armados, muchos de ellos integrando el bastante informal ejército, y de ese grupo surgía la autoridad, que nacía y se extinguía en su soberanía.

Vale decir, la Soberanía Popular.

La concepción implica que la soberanía radica en el pueblo. Es del mismo que surge para luego ser aplicada con arreglo a leyes mediante autoridades legítimamente elegidas, y finalmente cesa ante el propio pueblo, que será por un lado quién juzgará renovando o no los mandatos a los ciudadanos a quiénes se asigna responsabilidad política; y también cesa ante el pueblo que a su tiempo cambiará las instituciones políticas en vigor.

Porque sin duda, las cosas cambian. Siempre cambian. Por lo que en algún momento las instituciones que eran adecuadas y útiles, dejarán de serlo y tendrán que ser modificadas, o cambiadas. Creo que ya nadie cree que las instituciones políticas deban ser eternas.

Pues bien, tal tesis, la de la “Soberanía Popular” está expresamente negada en nuestra Constitución que profesa la tesis de la “Soberanía Nacional”, que se le contrapone. Esa es una tesis que también parte de un pensador francés, Sieyès, quién sostenía que la soberanía no debía radicar en el pueblo, sino en la unión de este con cierto marco institucional y jurídico. Hay que considerar que Rousseau se constituyó en la inspiración de los Jacobinos (la izquierda en la revolución francesa, pero muchas de cuyas propuestas hoy diríamos son de derecha) mientras que Sieyès era un girondino, un conservador bonapartista.

La justificación que se suele dar a favor de la tesis de la “Soberanía Nacional” es que el golpe de estado de Terra fue realizado reclamando que se actuaba según la “Soberanía Popular” ya que el presidenta había sido electo por el pueblo. Tal uso del concepto de “Soberanía Popular” es sin duda errado, ya que aunque el Presidente realmente era ungido en función de la misma, la interrupción de la institucionalidad republicana no podía hacerse por una autoridad delegada de tal “Soberanía Popular” sino sólo por ella misma. Así pues, los conservadores uruguayos aporvecharon para incluir el concepto de “Soberanía Nacional” como cura contra un uso errado y oportunista del concepto de “Soberanía Popular”.

Pues bien, ahora que estamos estudiando una reforma a la constitución ¿no sería bueno cambiar el artículo 4º de la misma, y pasar a establecer la “Soberanía Popular”, siguiendo el precepto Artiguista?

Algo así como:

Artículo 4º. La soberanía en toda su plenitud existe radicalmente en el Pueblo, de quién emana y ante quién cesa. Al mismo compete el derecho exclusivo de establecer sus leyes, del modo que más adelante se expresará.

(Escrito a las últimas horas del 14 de diciembre de 2016 y primeras del 15, bajo la grata noticia de la muerte del dictador Álvarez, golpista