El final de una etapa o la etapa de un final

En el 2002 la economía del Uruguay fue destruida. Después de eso, el gobierno aplicó recetas restrictivas que mantuvieron el ojo en los números fiscales, dejando librada a la gente a su suerte. Tal cosa es lo que pretende la teoría liberal y la teoría neo liberal del Estado.
Luego ganó el Frente Amplio.
Y comenzó a intervenir -tímidamente- en lo económico. E inyectó dinero en las familias. Y favoreció proyectos de inversión -el gobierno anterior sólo había logrado la reapertura del hipódromo de Maroñas y la instalación de muchas salas de timba. Y el Uruguay, en una coyuntura favorable, remontó.
Es claro que después de la destrucción, era necesaria una etapa neo desarrollista. El desarrollismo es la suposición de que los males de un país se deben a su “subdesarrollo”, como si el mismo fuese una tara local, que nos sostiene en la infantilidad, y nos impide gozar de los bienes del mundo “desarrollado”. La metáfora con el crecimiento humano es muy sugerente y efectivamente seduce.
Pero lo cierto es que no existe tal cosa como países desarrollados y subdesarrollados. Lo que existe son países subdesarrolladores.
Países que se encargan de que otros sean sólo productores de materias primas, países que hacen que otros sean perennemente tributarios de su ciencia y tecnología, países que hacen que otros menosprecien su cultura y valoren sólo la ajena.
Y no lo hacen porque sean malvados: lo hacen porque así obtienen mayor ganancia.
Pero lo cierto es que cuando uno tiene la economía destruida, incluso acceder a ese estatus de “desarrollar el subdesarrollo” es importante. Así fue muy importante la construcción de las pasteras, y de la infraestructura del puerto para contenedores, y hubiera sido magnífico que se instalara la minera Aratirí -estropeando el 0,5% de la superficie del Uruguay-, y hasta que hallaran petróleo. Todas actividades que tienen que ver con ocupar el modesto lugar de país subdesarrollado del que se dice está en “vías de desarrollo”. Que viene a ser como un niño que hace los deberes.
¿Porqué es eso importante?
Porque lograr esa inserción en el mercado mundial en situación de dependencia generó los dineros para poder atender la emergencia social reduciendo la indigencia. Porque permitió mejorar la salud pública. Permitió tímidamente mejorar la enseñanza. Permitió mejorar los sueldos de los trabajadores públicos, que pasaron de una indigna miseria a cifras bajas pero que permiten vivir. Permitió los fondos concursables en cultura. Mejorar la UdelaR. Completar el SODRE. Etcétera.
Era totalmente necesaria una década de tal talante.
Estos últimos años del tercer gobierno, por el contrario, son innecesarios.
Este Poder Ejecutivo, traicionando la historia del Frente Amplio y las concepciones auténticamente populares, se ha abocado a sanear los números -cosa que se debe a desprolijidades en el manejo del gobierno durante la presidencia de Mujica- y en lugar de hacerlo mientras al mismo tiempo comienza a profundizar las relaciones democráticas a lo largo y ancho de la sociedad, mientras comienza a brindar más poder a los trabajadores, grupos locales y grupos de interés… no. Lo que hizo fue ordenar los números poniendo un énfasis en los aspectos fiscales. ¡Caramba justo como los gobiernos neoliberales!
Y eso es así porque la ideología dominante nos ha penetrado hasta el corazón mismo del Frente Amplio.
Algunos creen que estar mejor es disponer de más bienes, de más viajes, de más dinero para salir. Discrepo. Estar mejor es hacerse con el poder de decidir por sí, incluso cuando se dispusiera de iguales o menos bienes, incluso con iguales o menos viajes, incluso con igual o menos dinero para salir. Lo importante es hacerse cargo del curso de la propia vida, entendiendo que esta es algo más que comprar y comprar.
Era previsible que al lograrse una reiterada supremacía electoral del Frente Amplio lo que ocurriría es que las clases dominantes lo infiltrarían. Y fíjense que bien que lo logran: el ex vicepresidente y actual canciller está casado con la séptima persona más rica de este país. El presidente es un empresario médico. El ex ministro (reciente) de Ganadería y Agricultura es un gran productor arrocero. El ex prosecretario y subsecretario del interior -hermano del presidente- es empresario en seguridad. Etcétera.
Todos prendidos a las formas de entender y obtener ganancias dentro del capitalismo. ¡Es el sueño de aquél reportaje de Mujica que reclamaba un capitalismo bueno!
Pues bien, no hay capitalismo bueno.
El capitalismo siempre es sufrimiento y destrucción. La unidad de medida del capitalismo no es nuestro país. Supone siempre -en este estadio de su desarrollo- un sistema en el que un país central (que es el centro de un sistema imperialista) está rodeado por varios países periféricos, en algunos de los cuáles puede haber algo de “orden y progreso”, y en otros de los cuáles hay constantes guerras fratricidas. Todos integramos una unidad en ese sistema.
Una vez cumplida la etapa neo desarrollista, hay que moverse hacia adelante. Hay que girar a la izquierda. Hay que avanzar a una etapa democrática avanzada.
Para eso hay que pensar bien en qué candidato presidencial queremos.
Yo digo que el FA no debe tener un candidato empresario. Ni debe tener un candidato tecnócrata.
El candidato debe ser un trabajador.
Y la línea debe centrarse en la transformación política del Uruguay en un estado en el que se comience por dejar atrás la funesta constitución del 67, creada por los partidos tradicionales.

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¿Aprenderemos alguna vez?

Hace pocas semanas trascendió el caso de un estudiante escolar que habiendo sido reprobado por sus docentes, fue luego aprobado por el juez. Esto ocurrió porque los padres del infante recurrieron la desición docente ante la justicia, basándose no tengo idea en qué aspecto legal. Tampoco va a la raíz de lo que aquí intento plantear, así que no me preocupé por ahondar el tema.
Dejando de lado el aspecto jurídico aparece un primer tema: la agresión contra la educación llega ahora a establecer un poder jurisdiccional sobre la desición técnica del docente. Sin duda es algo grave, y sin duda debe ser reclamado, como ya lo está siendo.
Pero yo quiero observar otra cosa.
Esto ocurre en un colegio privado, el Santa María. Que si no ha cambiado mucho, no es ni de los más caros ni de los más baratos. Pero es en cualquier caso un colegio pago al que acceden jóvenes hijos de padres de capas medias, profesionales, pequeños comerciantes y apenas más. Hace años que no tengo contacto con la institución, por lo que esta información puede estar errada.
Pero en cualquier caso lo siguiente se sostiene.
Este problema nunca habría ocurrido en una escuela pública.
La realidad es que en la escuela pública van los hijos de los trabajadores, los hijos de los lúmpenes, y en raras ocasiones los hijos de profesionales o comerciantes de bajo nivel de ingresos. Esta gente no tiene un dinero de sobra para pagar a un abogado -la justicia es muy cara en Uruguay, y eso debería ser asunto de otra nota-, a fin de que un juez haga o no pasar de año a su hijo.
¿Porqué las capas medias llegan a hacer que un juez apruebe a su hijo, esto es, contratan a un abogado, pagan timbres y sellados judiciales, dejan de atender otras actividades para ir a un juzgado, etcétera?
Lo llegan a hacer porque creen que como pagan todos los meses la educación de su hijo, merecen que su hijo sea aprobado.
La sencilla razón de la cosa, es que la conversión de la educación -que es económicamente un servicio, pero sobre todo es un Derecho Humano y una obligación del Estado- en Mercancía se está completando aceleradamente.
Tal conversión que corresponde al fenómeno llamado Fetichismo de la Mercancía, ha hecho ya que las invenciones sean mercancía, que el arte sea mercancía, que hasta las secuencias genéticas sean mercancía.
Esto no es una aberración que puede ser resuelta dentro del sistema en que nos hallamos.
Esto es la lógica correcta de desarrollo del capitalismo.
Sólo puede ser superada mediante la destrucción del capitalismo. El capitalismo no puede ser atemperado.
Y tal destrucción procede necesariamente de que los trabajadores tomen el control político del Estado, y desde ahí tomen la propiedad de los medios de producción, expropiando a los burgueses locales y a las multinacionales.
Pero parece que nos estamos olvidando de llamar a las cosas por su nombre. Parece que si uno declara qué es lo que ocurre y cómo enfrentarlo hace trizas la unidad. Para nada.
Si queremos la Unidad, y si estamos dispuestos a transar en programas de gobierno reformistas, es sólo para producir una acumulación de fuerzas que permita profundizar la democracia de cara a llegar a superiores realizaciones políticas.
¿La estamos profundizando?
La unidad de medida es el avance o no en el tema de la Reforma Constitucional. Que otra vez, por tercer período, se durmió.
Así que ahora lo que estamos haciendo es siendo los cretinos útiles de los socialdemócratas.
El camino es claro. Ahora hay que ver si quienes tienen responsabilidad de conducción realmente quieren recorrerlo.

Es la última advertencia.

O reprobamos todos.

El fin determina los medios

Varias veces me han leído decir que el fin no justifica los medios, sino que el fin determina los medios. Y suele ocurrir que la gente se enoja, tal vez no entendiendo bien a qué voy.
Cuando alguien dice que el fin justifica los medios está diciendo que cualquier medio elegible para cumplir un cierto fin es aceptable, y que por lo tanto uno puede tomar acciones que en principio resultarían reprobables para lograr algo que es planteado como un fin deseable.
Esto implica una visión de la conducta humana entendida como teleológica, esto es, como algo que se desarrolla persiguiendo una finalidad.
Los que no aman esta postura objetan que una acción reprobable no dejará de serlo por la santificación del fin elegido. Ellos ven a la conducta humana como algo que se desarrolla a partir del cumplimiento de ciertas normas, con cierto cumplimiento del bien.
Digo que ambos se equivocan.
La naturaleza no es teleológica. El mundo no marcha hacia un final planeado, las aves no tienen alas para volar, sino que vuelan porque tienen alas. No hay un designio, ni un plan, ni una enseñanza subyacente en todo.
Pero eso no significa que nosotros no podamos legítimamente tener nuestros designios, nuestros planes y que hagamos nuestros aprendizajes.
Así que en un mundo que carece de sentido, finalidad y significado, nosotros vivimos en función de crear sentidos, fines y significados. Ese crear modelos explicativos es buena parte de ser humano.
Así que no podemos escapar a que muchas de las acciones humanas persiguen una teleología, pero no debemos olvidar que toda teleología es contingente -o sea no hay una ley natural que determine que necesariamente ha de ser así. Así que cuando pretendemos justificar teleológicamente las acciones, estamos elevando lo que puede o no ser -nuestra finalidad- al impropio rango de criterio regidor según el que todo se mide.
Pero por la misma razón, que no hay un sentido en las cosas en sí, toda determinación de lo bueno y lo malo será también contingente. Nosotros creemos que realizar un sacrificio humano en un rito es algo malo. Pero han habido pueblos, y algunos de ellos están en la génesis de nuestra cultura, que los practicaron, creyendo eran algo bueno. ¿Podemos establecer nuestro bien sobre el de ellos? ¿No hacerlo no nos conduce a un relativismo inaceptable y de terribles consecuencias?
Pues bien… no podemos establecer nuestro bien sobre el de ellos. Pero tampoco deseamos un relativismo inmovilizante. O que contribuya a una sociedad que no será un lugar para todos, sino un lugar para que cada uno abuse de los demás según su parecer, cuando le parezca.
Entonces yo entiendo que lo correcto se basa en entender las acciones humanas a partir de una comprensión de que las mismas son decididas según modelos ideológicos, más o menos comunes a grupos humanos. Esto es, nadie tiene una comprensión absolutamente personal del bien y del mal, pero tampoco nadie tiene una comprensión exacta a la de otros. Y por otro lado, ya que tomo ideología en el sentido marxista de “falsa conciencia”, toda comprensión del bien y del mal tiene como contra cara que naturaliza explicaciones contingentes como si fuesen necesarias.
Es porque para funcionar los grupos humanos necesitan certezas sobre la actuación del otro.
Pero ello nos permite entender que no se trata de un “bien y mal” inmutable, sino que con un conocimiento cierto de su naturaleza, podemos actuar para cambiar las definiciones socialmente aceptadas. Eso sólo puede lograrse en la medida de que no sean personas aisladas, sino grupos los que se hagan un propósito -político- de modificar la forma en que las sociedades funcionan, lo que implica naturalmente su cambio ético.
Ahora bien, una vez que hemos acometido el esfuerzo por transformar la sociedad -y muchos estamos en ese intento-, surge el tema de que las resistencias al cambio son realmente muy fuertes. Puede uno entonces, teniendo un conocimiento cierto, dialéctico, de lo real entender los obstáculos y los caminos -cuando haya más de uno- para llegar al fin propuesto.
Y aquí surge que una vez propuesto un fin, los caminos no son indiferentes a él.
Porque el fin está imbuido para su justificación de ciertas cualidades que se le asignan. Entonces no serán aceptables para su cumplimiento medios que pongan luego en riesgo a la finalidad planteada.
Si hacemos y pedimos a los otros esfuerzos para cambiar, no podemos olvidar que ese esfuerzo está siendo “seducido” por la finalidad planteada. No por los medios que se utilizan. (Y en el caso de que nuestros medios fuesen los seductores, estamos engañando con respecto a nuestros fines. Tal y cómo entiendo una sociedad mejor, jamás puede lograrse si la mentira es la norma, y las adhesiones en base a ella por lo tanto no conducirán a destino)
Así que una vez planteado una finalidad aceptable y deseada, si pedimos para su cumplimiento acciones que no son compatibles con la misma, lo que hacemos es estimular conductas que luego de continuarse harán que la finalidad no se de en su plenitud e incluso que fracase.
Por eso los fines determinan los medios. Porque sólo podemos elegir aquellos medios que luego permitirán sostener los fines que se plantearon, y no importa si los medios nos agradan o no, no habrán otros que sirvan en la tarea.
Lo político por encima de lo ético, o dicho de otro modo, la finalidad colectiva que incluye y es determinada por una cierta forma de entender el poder (tema que algún día habrá que desarrollar), es la base no relativa sobre la que se fija cuáles conductas serán buenas o no.

Acerca de la Revolución

¿Qué es una revolución?

cuba_monument_held_bronze_statue_statue_equestrian_figure_hero_santjago_de_cuba-729738.jpg!dLa mejor definición que conozco dice que es un proceso de cambio que afecta a una sociedad en la que ya no son operativos los mecanismos de la misma que regulan los cambios, y que se da cómo resultado de la lucha entre clases sociales antagónicas.

Muchos creemos que el camino hacia una revolución pasa por la acción política dentro de las instituciones que posee la institucionalidad política burguesa, esto es, dentro de los mecanismos de la democracia liberal. Ahora bien, la misma supone mecanismos institucionales para que el cambio se realice. Cosas como los mecanismos de refrma constitucional. Muchos también nos preguntamos hasta dónde será posible transitar este camino.

En cualquier caso, entiendo que transitar el camino de la acción política institucional es el deber ser de la actividad política de alguien que quiere un cambio en una democracia liberal en la que existe voto universal y garantías básicas. ¿Porqué? Porque tal forma de accionar es la que se corresponde con la posibilidad de extender la lucha a las masas populares y no restringirlas a grupúsculos que se creen iluminados y que pretenden una toma del poder a efectos de luego desde la cúspide hacernos a todos participes de la verdad a ellos revelada.

La verdad no es una construcción. No es algo que se hace de pedazos. La verdad es una producción. Es algo que se hace transformando lo que es.

Así pues, el trabajo político que conduce a un crecimiento de las posturas políticas revolucionarias es el único camino que lleva a una masificación tal que la revolución pueda ocurrir como un evento en el que las masas populares vertebradas en los político y social en sus organizaciones propias, puedan finalmente apropiarse del curso de los acontecimientos.

Pero… ¿qué pasa al acercarnos a tal punto?

Lo que pasa es que las clases dominantes han armado a esta sociedad para que sirva a sus intereses. Sea que se trate de una dictadura fascista o se trate de una democracia liberal, dejando de lado el análisis formal de la organización política, tenemos que existe un análisis conceptual posible. ¿A quién sirve el aparat político en un momento dado, quién se apropia de la riqueza legitimado por el mismo y con su protección? Cuando estamos en una sociedad capitalista, estaremos en una Dictadura de la Burguesía, y si se está viviendo en el socialismo, en una Dictadura del Proletariado.

Nótese de nuevo que no hablo aquí de la formalidad demcrática o dictatorial. Una sociedad democrática formalmente perfecta siempre será o una Dictadura de la Burguesía o una Dictadura del Proletariado. Y lo mismo puede decirse de cualquier dictadura.

Ahora bien, cuando la Dictadura de la Burguesía peligra, entonces la propia burguesía comienza a mover sus piezas para intentar detener los avances populares. Utiliza primero los mecanismos políticos intentando evitar los triunfos populares. Pone en juego desde dentro de la propia institucionalidad su poder para ganar, apoyándose en servicios publicitarios impagables para el campo popular, o diferentes tipos de articulaciones con los medios que surgen de que ellos son los dueños de los medios.

Si todo eso falla, siempre pueden dar un viejo y querido golpe de estado. Cosa que supone una ruptura sólo parcial de las instituciones que regulan el cambio, y por lo tanto no califican como revolución.

Y si ello falta, pueden crear una contrarrevolución con toda la regla. Un movimiento con una base de apoyo social, articulación internacional, una idelogía práctica fasistizante pero una afirmación textual que puede ser cualquier cosa -liberal, religiosa, unificadora, localista, indigenista, etcétera-, y una proyección de la elaboración ideológica del momento que se desdarrllará demonizando al movimiento hacia la revolución.

Esto último es justamente lo que está pasando en Venezuela.

Cuando un proceso de avanza hacia el socialismo se ve confrontado a una instancia en la que se desarrolla en su contra un movimiento contrarrevolucionario en toda la línea, pues entonces es el momento de apretar el acelerador. En la actual situación Venezolana sin duda deben profundizarse las acciones revolucionarias, para dentro de la Democracia formal, que nunca se ha abandonado, llegar de una buena vez a la Dictadura del Proletariado.

Y el dolor de ya no ser

Museo_del_Prado_-_Goya_-_Caprichos_-_No._43_-_El_sueño_de_la_razon_produce_monstruosEn distintas conversaciones informales, tanto en persona como por Facebook, he sostenido reiteradamente que los reclamos referentes a la corrupción y las apelaciones a la indignación política son propios de posiciones políticas fascistas. Por un lado porque la apelación a la indignación implica una intención de edificar la política en el territorio de la emoción, desplazando a la razón a un lugar nefasto. “El sueño de la razón produce monstruos”, reza el grabado de Goya. Eso lo tomo en el sentido de que cuando la razón descansa, los monstruos aparecen.

Si bien la exacerbación última de la razón, eliminando el lugar de las emociones y suprimiendo la consideración de todo lo irracional en nosotros es un camino que transita hacia los peores abismos, la sustitución de la razón por la emoción no es menos dañina. El proyecto ilustrado suponía esa hegemonía de lo racional. El proyecto romántico suponía esa hegemonía de los monstruos. La razón conduce a la relativización que conduce a la justificación de cualquier atrocidad. Y la irracionalidad pura realiza la atrocidad por el mero placer de la misma. La razón condujo en la historia los trenes a Austchwitz, y la irracionalidad puso en funcionamiento la cámara de gas.

La búsqueda y el hallazgo de una síntesis no está dada por algún mágico punto medio, sino por la comprensión de que la irracionalidad debe ser el combustible en el que nos nutrimos, pero que la razón es necesariamente el timonel que obediente rige la barca. Lo contrario a la secuencia Ilustración a Romanticismo -que lleva al fascismo-, es la secuencia Romanticismo a Crítica -que conducirá al socialismo.

Así pues, la apelación constante a la indginación en política, y a la acción a partir de tal movimiento de lo emocional no conduce de modo ninguno a un momento más positivo.

Igualmente, la transformación de la corrupción en argumento político sólo puede entenderse como una práctica fascistizante. Recuérdese cómo en el 73 los comunicados inaugurales del “Proceso” reclamaban para sí la condición de probos y buscaban desterrar la “corrupción”. Cosa que compartían según recuerdo con algún material del MLN-T que incurría en el mismo disparate. El de la sustitución de la política por la ética. También en tiempos recientes, el hace algunos años fallecido Helios Sarthou dijo en algún momento -según me fué comentado por gente que integraba su grupo político- que la política debía provenir de la ética.

Esto es un disparate a todas luces.

La ética es una parte de la filosofía. La ética es el estudio de cuál conducta debemos tener para tener una buena vida. La política es un práctica social, la que tiene que ver con el manejo del poder en el interior de una sociedad. Toda la filosofía no es sino una disciplina que lo que principalmente hace es producir conocimientos suceptibles de su utilización en política -en el mismo sentido en que la ciencia produce principalmente conocimiento suceptible de ser económicamente utilizable. O dicho de otro modo, siendo la ética una parte de la filosofía, y la filosofía una disciplina al servicio de la política, mal podría ser la rectora de la misma.

La politica es una actividad. En la misma realizamos acciones. Estas estarán según el caso signadas por buscar el beneficio de las grandes masas o el de pequeños grupos. A partir de lo que hacemos en política se hace obvia la necesidad de dotarnos de una explicación para actuar mejor. De allí la reflexión filosófica.

La política parte de nuestra necesidad irracional, que en cierto momento se articula en discursos racionales. Y luego en armonía con el discurso propuesto se produce una explicación ética que conduzca a que si todos obrásemos de ese modo el mundo fuese un lugar mejor para todos.

En tal sentido la política es necesariamente la fuente de la ética, y no su consecuencia.

Los detractores de esta afirmación suelen decir que ello conduce a algún tipo de “el fin justifica los medios”. Nada de eso. Lo que estamos diciendo es que las normas de conducta en un presente -tiempo de los medios- debe ser tal que sólo pueda producir el fin buscado. Algo así como “los medios se justifican en su armonía con el fin”. Que es muy diferente.

Así, buscando una politica basada en la indignación (emoción) y en la denuncia de la corrupción (medios) lo que hacen es privarnos de la auténtica búsqueda política: la de un accionar basado en la razón y en la persecución de los fines últimos de una sociedad mejor. Esa es la trampa de los fascismos.

Ahora bien, al decir esto alguno puede estar pensando que lo que intento es tapar el sol con un dedo y producir un discurso que exculpe a algún que otro impresentable, y hoy, en los últimos días de julio del año 17 del siglo XXI, pensarán que el beneficiario de mis palabras es Raúl Sendic.

Nada de eso.

Lo que digo es que no se puede centrar la política en la discusión ética y en la acción irracional.

Todo ciudadano que comete un ilícito debe ser perseguido por la Justicia de forma eficaz, juzgado y castigado. Ello no debiera convertirse de ningún modo en algo políticamente dudable, jamás debiera tampoco ser escudado por consideración política alguna.

Así pues, si el vicepresidente realizó algo ilegal, deberá la Justicia condenarlo.

E igualmente -y en forma más expeditiva- el tribunal de ética del Frente Amplio debe expresarse, sin medir estúpidas consideraciones que no son políticas, sino de una politiquería alarmante.

Un mejor Frente Amplio, es aquél en el que los que han realizado actos inmorales son expuestos y expulsados.

Una mejor Central sindical, es aquella en la que no se tienen vicepresidentes que dirigen en base a la presión y a prácticas constantemente dudosas en una institución tan turbia y violadora de los Derechos Humanos como es el Inau.

Un mejor Partido Revolucionario, es aquél en el que ni siquiera llegan de suplentes al Comité Central personas cuyo manejo de los fondos públicos no es sino transparente.

Dicho lo cuál, también se implica que un Secretario General de un Partido Revolucionario no debería salir a defender cosas indefendibles.

Decreto anti piquetes: otro acto de traición

Hace un par de días se publicó un decreto del poder ejecutivo ( https://medios.presidencia.gub.uy/legal/2017/decretos/03/cons_min_480.pdf  ) en el que se establece la potestad del Ministerio del Interior para impedir el corte de calles y rutas. Dada las circunstancias del día en que el mismo se publicó, claramente la discusión en las redes sociales lo vinculó con lo sucedido en el desalojo de La Solidaria (un centro cultural manejado por elementos infantilistas de izquierda) y desmanes posteriores que incluyeron un ataque a la sede del Partido Comunista de Uruguay.

Creo que este decreto debe ser leído más allá de esa circunstancia.

El mismo busca preservar algo que sin duda es algo bueno: la libre circulación de los habitantes de nuestro país. Cómo suele suceder en los textos legales está lleno de alusiones a otras leyes y normativa que quiénes no somos abogados podemos leer sin comprender. Tras todo ello indica que el Ministerio del Interior será el encargado de evitar tales interrupciones, dando cuenta después al Poder Judicial.

Pues es en esto que nos tenemos que detener.

Lo primero es comprender que el cuerpo policial no debe -ahora puede- actuar en contra de algún tipo de manifestación sin orden judicial. Se podrá argumentar que los tiempos de muchas cosas exigen premura. ¡Me encanta tal objeción!

Actualmente, con los medios tecnológicos disponibles, un policía puede poner en un teléfono inteligente una video llamada a un juez y éste desde dónde se halle observar la situación para determinar si amerita o no la intervención policial. En caso de que considere que sí lo amerita, sencillamente da la orden, que de darse digitalmente, también hay formas para que esté totalmente autenticada en forma prácticamente instantánea.

Siendo así ¿qué sentido tiene decir que la policía puede actuar y después dar cuenta al Juez?

Esto no se inscribe en la disputa entre el PCU y los lúmpenes que lo apedrearon, ni entre el gobierno y la protesta social. Acá se trata de un enfrentamiento entre la policía y el Poder Judicial.

La policía uruguaya -que ha mejorado muchísimo aunque aún no sea suficiente- es un organismo que está hipertrofiándose, como parte de una estrategia del MPP -o tal vez de una estrategia personal de José Mujica a través de su hombre de confianza, el ministro Bonomi. Tal hipertrofia no hace bien a la policía, y definitivamente no hace bien al Uruguay en su conjunto.

Lo coherente sería separar algunas de las funciones que hoy cumple la policía, las funciones de investigación de los delitos cometidos, y crear una “policía judicial”, dependiente del Poder Judicial y no del Ejecutivo, que tenga a su cargo la investigación de los delitos cometidos y denunciados. La actual policía continuaría con las funciones de vigilancia, preservación del orden, y represión de los actos de delito en curso.

Tal separación permitiría a la policía concentrarse en el ahora, y haría que la “policía judicial” se concentrase en el “antes” y dispusiese de medios técnicos y personal cualificado, civil y con formación terciaria, para sus investigaciones de lo que ocurrió.

Así cómo esta separación no se encara, se refuerza a la policía constantemente y ahora se le da el poder de reprimir sin orden judicial para hacerlo.

¿A quién?

Pues a manifestaciones sociales que utilicen el corte de calles y rutas. Es el tipo de medida que típicamente se realiza cuando se reclama un semáforo por algún muerto en la interbalnearia, o cuando se reclama contra las picadas en lugares más apartados.

También es el tipo de medida que se usa cuando se está haciendo uso de una protesta gremial, impidiendo el acceso a un lugar de trabajo.

Pero -se me objetará- el decreto deja en claro que los derechos de huelga no pueden ser vulnerados.

Pues bien, al día siguiente a su promulgación dos trabajadores fueron detenidos por un piquete en la localidad coloniense de Conchillas. Represión a los trabajadores por causa de este decreto.

Y acá viene la segunda razón relevante de este decreto. Hace pocos días visitantes de una empresa internacional no pudieron acceder por motivo de medidas sindicales a instalaciones que querían reconocer. Pues bien… ese es el otro, aún mayor, foco de esta situación. Y cómo desalojar un piquete no impida que la huelga sea realizada siempre se podrá argumentar que el derecho de huelga no ha sido vulnerado.

Esto es claramente un decreto que penaliza a los que menos tienen, quitándoles garantías, e impidiendo la protesta social y sindical. Si se hubiese establecido una ágil y digitalmente moderna consulta al juez, pues… en tal caso la protesta social y sindical se vería perjudicada, pero habrían garantías de tipo tal que harían que la aplicación de tal decreto no se pudiese objetar.

Sin embrago se ha elegido una vez más ir contra los trabajadores.

Por eso reitero, este Poder Ejecutivo es un TRAIDOR al Frente Amplio, a sus militantes, a sus votantes y a su rica tradición. Reclamo que todos los integrantes del Partido Comunista de Uruguay en el Poder Ejecutivo presenten su renuncia en forma indeclinable e inmediata.

Y en otro orden de cosas que los comunistas dejemos de hacer acuerdos con los traidores de los trabajadores, llenos de retórica popular, con el MPP y específicamente con José Mujica Cordano.

De todas formas, las formas de protesta social y política de los uruguayos seguirán. Se crearán nuevos caminos. Y hablo de la protesta que busca construir políticamente acumulación y acuerdos, y no de las pedreas de lúmpenes y de los infantilistas que aplauden el comportamiento de los mismos.

De nosotros mismos

El derecho surge de la fuerza.

Tal afirmación suele resultar chocante, pero tras reflexionarla habremos de ver que en realidad es totalmente verdadera. Sin embargo choca con la visión edulcorada que solemos presentarnos a nosotros mismos. Con variantes la versión edulcorada es, “El derecho surge de la justicia”.

Pues no. La justicia es el puerto en al que queremos que el derecho arribe. No su origen.

Toda sociedad humana, y algunas no humanas, tienen normas y formas de autoridad. Pero concentrémonos sólo en las sociedades humanas. Las normas surgen de la autoridad, y la autoridad de la norma. Es un claro caso de un círculo que se retroalimenta.

Históricamente, las sociedades más antiguas aún no poseían un derecho, pero ya tenían reglas, normas. Las mismas solían apoyarse en el uso, o en la creencia en alguna religión. O un poco de ambos. La autoridad era la tradición. Y la tradición estaba dictada y preservada por las normas que garantían su continuidad. Círculo.

Actualmente hay muchas normas que no son el derecho. Por ejemplo, las normas de decoro en el vestir. Las mismas son muchas veces cuestionadas por unos y aprobadas por otros. Las fuentes de tales normas son por un lado la costumbre social, por otro la influencia de los medios, y también la actividad racional de cada persona. La costumbre es la “heredera” de la antigua tradición. Los medios -la moda- son una imposición de algún complejo industrial, la autoridad de la riqueza. Y el propio entendimiento refiere a la fuerza de sí mismo. Todo eso configura un tema en el que varias autoridades dictan las normas del vestir, que a su vez en la medida que resultan exitosas (para el que viste según la costumbre, para el que viste según la moda, o para el que lo hace por su arbitrio, configurando la confirmación social en sus grupos de la validez de las formas de autoridad en que se basan), lo que hacen es confirmar la validez de las borrosas y hasta contradictorias normas del vestir.

¿Qué pasa con el derecho?

En algún momento el derecho surgió como forma de limitar el ejercicio arbitrario de la fuerza por parte de algún poderoso. Sea que el más poderoso quería crear normas para que sus asistentes cumplieran sus mandatos, o fuera que los pueblos quisieran limitar la autoridad despótica, en ambos casos era el objetivo controlar el accionar de la fuerza pública. Limitar la forma en que se podía ejercer la fuerza.

Pero para ello decía lo que se podía y no se podía hacer por parte de la población. Esto es, establecía límites para el accionar de la fuerza genérica popular. La norma limitaba ambas formas de fuerza, y con ello establecía a la autoridad legítima como la forma principal de realización de la fuerza, y la única aceptable en la esfera que la propia norma describe y crea.

Así el Derecho no se constituye en cualquier norma, sino en una norma que se crea en la creación de su espacio. Surge de la fuerza -la fuerza que se limita en la acción recortada del déspota, y en la acción recortada del pueblo (doble negación)- se transforma en la fuerza de la autoridad legítima. Y la acción de fuerza de la autoridad legítima es la que expande el espacio de acción de la norma.

Autoridad y norma, retroalimentándose.

Para producir una justificación del imperio del Derecho, cuyo fin claramente es establecer el funcionamiento social -sea éste justo o injusto- los humanos hemos creado siempre discursos en cada sociedad que hablan de lo justo que es el ordenamiento vigente, o cuando queremos derribarlo, de lo injusto que es, mientras aspiramos a constituirnos en la autoridad para emitir las nuevas normas que reemplazarán aquellas existentes.

La justicia es por lo tanto una condición de justificación del derecho, pero una justificación posterior a la existencia del mismo. Parte de nuestra necesidad psicológica. Cuando hablamos de lo justo y de lo injusto no hablamos sólo de derecho. Hay múltiples justicias e injusticias que van más allá de lo regido por el derecho, que muestran como tal concepto refiere a una necesidad básica de interpretación del mundo. Performa interpretaciones del mundo.

Por eso buscamos mejorar el Derecho -todas las sociedades lo hacen, incluyendo a las que intentan no cambiarlo- para hacer el mundo más justo. Pero si creemos que el Derecho puede hacer más justo al mundo, es porque está dotado de fuerza, siendo que surge de la fuerza, como ya vimos antes.

Todo esto para entender la naturaleza general en la que Autoridad y Norma se manifiestan en el Derecho, y cómo en su realización parte de la fuerza -en otro momento habría que mostrar que dicha fuerza no es sino la fuerza del trabajo, pero eso me llevaría muy lejos en este breve artículo-.

Entonces cuando observamos que una cierta sociedad tiene un Derecho, hay autoridades designadas por y para el mismo, y existen varias formas de entender en su seno qué es la justicia, ¿qué nos dice que se busque alcanzar la justicia en el uso de un Derecho ajeno, mediante autoridades ajenas?

A mí me dice que es una sociedad que ha renunciado a su uso de la fuerza, o que ha aceptado como legítimo el uso de la fuerza sobre esa sociedad por sociedades que le son ajenas. Y que renuncia a la construcción ideológica de un sentido de la justicia que se constituya en finalidad a ser alcanzada por el Derecho.

Durante todo el tiempo que este jucio en Italia tuvo andamiento me callé estas consideraciones porque me parecía que sólo podían ser interpretadas cómo “palos en la rueda”.

Ahora, finalizado el mismo, expreso con claridad que reclamar ante una justicia extranjera lo que no puede reclamarse en la propia justicia es propio de una ideología colonizada que acepta y alaba su colonización ideológica y su subordinación práctica. Que no apunta a tomar el poder para crear un nuevo Derecho que de cabida a la concreción de su entendimiento de lo que es la Justicia.

Y cómo el fallo sólo en un caso fue condenatorio, ahora viene el berrinche.

“Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos” es una frase de Artigas dicha sobre otros asuntos, y que puesta en juego sin más referencia muchas veces puede implicar cosas erradas. Pero esta vez viene como anillo al dedo.


Nota: “Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos”, es parte de una carta de José Artigas a Martín Güemes enviada desde Purificación el 5 de febrero de 1816.