Públicos y privados

Educación, enseñanza, instrucción y aprendizaje no son sinónimos. Digo esto porque muchos lectores de estas líneas perfectamente pueden ser ajenos a la temática y nunca haber tomado contacto con las diferencias entre estos y otros términos. Yo de aquí en más me referiré a las instituciones públicas estatales -jardines, escuelas, liceos, universidad y otros- o privadas que imparten etapas de instrucción equivalentes a las que dan dichas organizaciones.

En uruguay la enseñanza pública se halla arraigada y garantida desde al menos el último cuarto del siglo XIX, habiéndose extendido y desarrollado durante el pasado siglo. Es en buena medida la participación en la misma un signo claro de la “uruguayez”, no excluyente, pero sin duda, determinante. O dicho de otro modo: quién asistió a nuestra enseñanza pública, será sin duda alguien muy uruguayo, y quién no lo hizo… tal vez lo sea, pero eso está por verse.

En un primer acto, la enseñanza pública suponía un enfrentamiento con la iglesia, de parte de los que desde posiciones de cuño positivista intentaban laicizar a la población. Gesta que resultó exitosa. Tal vez nada sea más intocable hoy que la laicidad de la enseñanza pública.

Pero luego, en la medida de que en nuestro país fueron surgiendo y desarrollándose movimientos populares que se hicieron conscientes de sí mismos, la enseñanza pública adquirió un claro propósito incluído en el proyecto de transformar nuestro país en una sociedad en la que los más infelices fuesen los más privilegiados. Por eso mismo, la dictadura cívico militar se ensañó -entre otros- con los docentes, intentando imponer una educación ajena a los intereses populares. Y tras la misma, la derecha ha impulsado una renovación de criterios de génesis positivista, que apuntan a una educación reducida a una formación para el trabajo, y a generar estadísticas aceptables para los organismos internacionales.

Lamentablemente, algunos en la izquierda no han comprendido que sólo cabe el enfrentamiento a tales concepciones, y que nunca podremos acordar con ellas. Siempre estaré abierto al diálogo con todos los compañeros de la izquierda… pero siempre señalaré cuando , según es presumible, en su buena voluntad dicen cosas que no son en interés del pueblo. Habría que lanzarles un “¡no sea nabo m’hijo!”

Pero en el momento presente, las instituciones de enseñanza privada, tienen un carácter particular, en el que, sin importar las intenciones de sus actores y gestores, se constituyen en un proyecto reaccionario.

Y enfatizo lo propio del momento. Durante la dictadura muchos docentes pudieron continuar trabajando sólo en la medida en que lo hacían en dichas instituciones, y también fueron lugar de refugio para estudiantes a los que se podría haber perseguido por la notoriedad de sus padres. Algunas, reitero el cuantificador modesto, justificaron y fueron defendibles.

Pero hoy, el campo de las instituciones de educación formal está inmerso en una disputa política tal que la única postura razonable es la de avanzar hacia la expropiación de todos los jardines, las escuelas, los liceos y las universidades privadas, convergiendo en un único sistema público y estatal.

Los centros privados de enseñanza actualmente son dos cosas:

a. son centros en los que se reproduce el capital social y cultural de las clases dominantes o de los que son llamados a ser sus auxiliares en el sostenimiento del actual orden de cosas

b. son utilizados como un espejo que enturbia la imagen de las instituciones públicas. Preconizan lo “lindos” que están, lo “buenos” que son sus estudiantes, los “valores” que se imparten, lo “incomparable” de sus docentes, etcétera. Por cierto, si uno trabaja sólo con estudiantes que vienen con un capital familiar más elevado, dispone de recursos económicos para resolver las instalaciones, expulsa los estudiantes problemáticos hacia el sistema público y puede pagar publicidad abierta… o de la que se encubre en notas periodísticas en diarios infames como El País o El Observador,… pues entonces crea la mentira del propio brillo y la la mentira de la turbiedad ajena.

Por todo eso no hay lugar para aceptar la existencia de tales centros. El propósito de la expropiación de todos dichos centros debiera presentarse a la discusión pública, para que la izquierda pueda tratarlo y finalmente incorporarlo a sus programas políticos y finalmente, aplicarlo.

Mientras… es el deber de cada militante alzar su voz.

Y no transigir cuando en algún centro público se cantan alabanzas (más que discutibles) a lo hecho en un centro de enseñanza privada. Aunque por supuesto, esto último es un detalle, anecdótico, triste y patético.

Nota: la imagen que acompaña esta nota fue tomada del sitio en la red del Taller de Ajedrez Chaturanga. La hallé simplemente mediante una búsqueda con Google, tras lo cuál modifiqué su mapa de colores y la recorté. La utilización de esta image NO COMPROMETE de ningún modo a dicho Taller ni a sus participantes en las opiniones que aquí formulo, que son enteramente de mi responsabilidad

Adversión a la enseñanza

niños en edad escolar a la salida de sus clasesEn la edición digital de Radio El Espectador correspondiente al 28 de Mayo de 2008 – clic para verla – aparece un reportaje a un ex legislador y ex miembro del CODICEN, blanco él, quién se refiere a la que llama una mala ley de educación, que se halla propuesta y en discusión parlamentaria y nacional. Además hay un enlace al análisis que ese señor hace del proyecto de ley. Voy a referirme a la entrevista y no al análisis, ya que lo contrario me haría extenderme más allá de lo que es conveniente en un artículo de una bitácora en la red.

Comienza su crítica diciendo que lamenta que el proyecto esté centrado en la reforma institucional. Sin embargo, cuado uno lee la entrevista, ve que la mayor crítica que realiza, la hace en referencia precisamente a lo institucional. Tal incongruencia, que por supuesto siempre espero en el discurso de los de su orientación política, está desde el inicio marcando un camino que se revelará pleno de contradicciones.

En cuánto a lo institucional, lo que este señor critica, no es otra cosa que el acceso -muy parcial, digo yo- de representantes de los docentes a las instancias superiores de conducción de la enseñanza. Dejo para otro momento las críticas que yo pueda hacer al proyecto, para entender ahora lo que esta visión critica: que los trabajadores participen en la decisión de la conducción de su actividad.

Tal postura, normal en un derechista, debe ser entendida especialmente en este tema. Como señala Althusser, la educación es un aparato de reproducción ideológica de estado. Así, sirve primeramente, para generar las condiciones ideológicas con las que la sociedad se reproduce a sí misma. El estado uruguayo capitalista en formación habilitó la reforma vareliana porque los futuros obreros necesitaban un mínimo de instrucción para operar las máquinas que se comenzaban a importar desde Europa. Otro ejemplo. Las reformas de la educación, por Sanguinetti y por Rama, tendieron a vaciar la educación de contenidos que pudiesen estimular una visión crítica de los educados sobre su realidad, para hacerlos más sumisos al sistema de ajustes permanentes que supone la conjunción inorgánica de recetas de corte neoliberal que aplicaron a nuestro país.

En el contexto actual, la reforma busca generar ciudadanos críticos, ciudadanos interesados y activos, con capacidad para insertarse de forma creativa y productiva en la vida nacional. Y ello naturalmente, implica un tipo de rol que la derecha nunca verá con buenos ojos.

Sus argumentos desvelados quedan cuando muestra como su desvelo es que con esta reforma la izquierda mantendría el control de la enseñanza, incluso perdiendo las elecciones. ¡Pues bienvenido sea!.

Más allá de que no creo que la izquierda pierda las elecciones nacionales, la izquierda uruguaya, el Frente Amplio, es la expresión organizada del pueblo uruguayo. Los partidos de derecha, son naturalmente la expresión de pequeños grupos de interés y de clase, que consiguen votos a través de la acción enajenada ideológicamente de sus votantes.

Y por eso patalean.

Porque saben que con esta enseñanza que está en ciernes, se irán acotando más y más los márgenes para sus manejos, para la mentira ideológica, para su utilización del pueblo en contra de sí mismo.

Por eso apuntan a los educadores y dicen… “si ellos eligen dos representantes en cinco, tendrán siempre mayoría”. Disparate. Porque dos en cinco son minoría. Y si los de la derecha ganasen las elecciones no concederían ningún otro cargo en el CODICEN a ningún frentista.

Pero la mentira va más lejos. Proponen un CODICEN de siete miembros con un delegado de los trabajadores, para que el control de la enseñanza se perpetúe en manos de los políticos de la orgánica que ellos integran. No han comprendido que el tiempo de la política ajena a los procesos sociales es algo acabado. Que el político de la tradición liberal, sin inserción de clase, es tema que ya no engaña.

La necesidad de compromiso en la gestión de los docentes, es la misma que la necesidad de compromiso de los trabajadores de cualquier otra actividad. Pero acá se está ante algo de especial relevancia. Los docentes tienen una formación técnica específica, y un compromiso práctico específico, con lo que se constituyen en la unión más clara de práctica y teoría, en los portadores de una praxis inexorable. Por eso les temen, porque pondrían en el banquillo toda la mentira que las recetas importadas en educación han estado presentando durante los últimos decenios.

Para ir cerrando, luego reclama “laicidad”. ¿Y qué es laicidad?. Cuando la reforma vareliana planteó la misma, lo que hacía era una toma de posición política -impulsada por la masonería- contra la iglesia católica. La laicidad nunca fue apoliticidad. Todo lo contrario.

Lo que reclama bajo el nombre de “laicidad” e “imparcialidad” no es sino la continuación de un discurso anodino que les permita seguir medrando. Que las mentiras sobre todas las cosas que han repetido durante ciento setenta y cinco años de historia no sean revisadas.

Pero esa revisión se está haciendo. Se hacía ya incluso por parte de algunos docentes que arriesgaban más allá de los mandatos del sistema vigente. Y se seguirá haciendo.

Para muestras de mentiras y contradicciones, la frutilla de la torta: ahora reclaman un gran debate nacional, cuando se negaron a participar en el Debate Educativo hacia el Congreso Nacional de Educación.

¡Cuánta hipocresía!