De nosotros mismos

El derecho surge de la fuerza.

Tal afirmación suele resultar chocante, pero tras reflexionarla habremos de ver que en realidad es totalmente verdadera. Sin embargo choca con la visión edulcorada que solemos presentarnos a nosotros mismos. Con variantes la versión edulcorada es, “El derecho surge de la justicia”.

Pues no. La justicia es el puerto en al que queremos que el derecho arribe. No su origen.

Toda sociedad humana, y algunas no humanas, tienen normas y formas de autoridad. Pero concentrémonos sólo en las sociedades humanas. Las normas surgen de la autoridad, y la autoridad de la norma. Es un claro caso de un círculo que se retroalimenta.

Históricamente, las sociedades más antiguas aún no poseían un derecho, pero ya tenían reglas, normas. Las mismas solían apoyarse en el uso, o en la creencia en alguna religión. O un poco de ambos. La autoridad era la tradición. Y la tradición estaba dictada y preservada por las normas que garantían su continuidad. Círculo.

Actualmente hay muchas normas que no son el derecho. Por ejemplo, las normas de decoro en el vestir. Las mismas son muchas veces cuestionadas por unos y aprobadas por otros. Las fuentes de tales normas son por un lado la costumbre social, por otro la influencia de los medios, y también la actividad racional de cada persona. La costumbre es la “heredera” de la antigua tradición. Los medios -la moda- son una imposición de algún complejo industrial, la autoridad de la riqueza. Y el propio entendimiento refiere a la fuerza de sí mismo. Todo eso configura un tema en el que varias autoridades dictan las normas del vestir, que a su vez en la medida que resultan exitosas (para el que viste según la costumbre, para el que viste según la moda, o para el que lo hace por su arbitrio, configurando la confirmación social en sus grupos de la validez de las formas de autoridad en que se basan), lo que hacen es confirmar la validez de las borrosas y hasta contradictorias normas del vestir.

¿Qué pasa con el derecho?

En algún momento el derecho surgió como forma de limitar el ejercicio arbitrario de la fuerza por parte de algún poderoso. Sea que el más poderoso quería crear normas para que sus asistentes cumplieran sus mandatos, o fuera que los pueblos quisieran limitar la autoridad despótica, en ambos casos era el objetivo controlar el accionar de la fuerza pública. Limitar la forma en que se podía ejercer la fuerza.

Pero para ello decía lo que se podía y no se podía hacer por parte de la población. Esto es, establecía límites para el accionar de la fuerza genérica popular. La norma limitaba ambas formas de fuerza, y con ello establecía a la autoridad legítima como la forma principal de realización de la fuerza, y la única aceptable en la esfera que la propia norma describe y crea.

Así el Derecho no se constituye en cualquier norma, sino en una norma que se crea en la creación de su espacio. Surge de la fuerza -la fuerza que se limita en la acción recortada del déspota, y en la acción recortada del pueblo (doble negación)- se transforma en la fuerza de la autoridad legítima. Y la acción de fuerza de la autoridad legítima es la que expande el espacio de acción de la norma.

Autoridad y norma, retroalimentándose.

Para producir una justificación del imperio del Derecho, cuyo fin claramente es establecer el funcionamiento social -sea éste justo o injusto- los humanos hemos creado siempre discursos en cada sociedad que hablan de lo justo que es el ordenamiento vigente, o cuando queremos derribarlo, de lo injusto que es, mientras aspiramos a constituirnos en la autoridad para emitir las nuevas normas que reemplazarán aquellas existentes.

La justicia es por lo tanto una condición de justificación del derecho, pero una justificación posterior a la existencia del mismo. Parte de nuestra necesidad psicológica. Cuando hablamos de lo justo y de lo injusto no hablamos sólo de derecho. Hay múltiples justicias e injusticias que van más allá de lo regido por el derecho, que muestran como tal concepto refiere a una necesidad básica de interpretación del mundo. Performa interpretaciones del mundo.

Por eso buscamos mejorar el Derecho -todas las sociedades lo hacen, incluyendo a las que intentan no cambiarlo- para hacer el mundo más justo. Pero si creemos que el Derecho puede hacer más justo al mundo, es porque está dotado de fuerza, siendo que surge de la fuerza, como ya vimos antes.

Todo esto para entender la naturaleza general en la que Autoridad y Norma se manifiestan en el Derecho, y cómo en su realización parte de la fuerza -en otro momento habría que mostrar que dicha fuerza no es sino la fuerza del trabajo, pero eso me llevaría muy lejos en este breve artículo-.

Entonces cuando observamos que una cierta sociedad tiene un Derecho, hay autoridades designadas por y para el mismo, y existen varias formas de entender en su seno qué es la justicia, ¿qué nos dice que se busque alcanzar la justicia en el uso de un Derecho ajeno, mediante autoridades ajenas?

A mí me dice que es una sociedad que ha renunciado a su uso de la fuerza, o que ha aceptado como legítimo el uso de la fuerza sobre esa sociedad por sociedades que le son ajenas. Y que renuncia a la construcción ideológica de un sentido de la justicia que se constituya en finalidad a ser alcanzada por el Derecho.

Durante todo el tiempo que este jucio en Italia tuvo andamiento me callé estas consideraciones porque me parecía que sólo podían ser interpretadas cómo “palos en la rueda”.

Ahora, finalizado el mismo, expreso con claridad que reclamar ante una justicia extranjera lo que no puede reclamarse en la propia justicia es propio de una ideología colonizada que acepta y alaba su colonización ideológica y su subordinación práctica. Que no apunta a tomar el poder para crear un nuevo Derecho que de cabida a la concreción de su entendimiento de lo que es la Justicia.

Y cómo el fallo sólo en un caso fue condenatorio, ahora viene el berrinche.

“Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos” es una frase de Artigas dicha sobre otros asuntos, y que puesta en juego sin más referencia muchas veces puede implicar cosas erradas. Pero esta vez viene como anillo al dedo.


Nota: “Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos”, es parte de una carta de José Artigas a Martín Güemes enviada desde Purificación el 5 de febrero de 1816.

Con un fracaso, millonarios

Uno podría plantearse distintos tipos de círculos en los que una cosa da a otra, y esta remite a la primera. Se trata de sistemas que se retroalimentan. De eso depende la continuidad y aparente estabilidad de diversos fenómenos naturales y sociales -ya que si bien suelen haber desequilibrios que a la larga terminarán interrumpiendo la repetición, es a un plazo tan largo que pareciese que las cosas seguirán igual por siempre.
A dichos círculos los llamamos a veces de viciosos o virtuosos, dependiendo de la valoración que hacemos sobre ellos. En muchos casos será fácil hallar un acuerdo sobre la calificación más adecuada, pero en otros resultará difícil hallar tal acuerdo. Adivino que lo que voy a plantear se topará con esa discrepancia.
Supongamos que la canasta básica para una familia es un cierto valor, llamémosle 100 -como indicando que el 100 por ciento de las necesidades está cubierto. Supongamos también que los adultos de esa familia trabajan en conjunto una cierta cantidad de horas J, tales que son 8 o menos horas por día, nunca más de 6 días a la semana.
¿Existirá alguna razón aceptable para que alguien quiera ganar más de 100 o trabajar más de J? Pues sí.
Alguien puede querer trabajar más de J ya que considera que su trabajo resulta especialmente satisfactorio o es de una gran necesidad para la sociedad. Ambas son cosas que se pueden comprender, aunque en la actual situación en la que los trabajos resultan generalmente alientantes no sea en lo primero que pensamos. Porque nótese que nunca dije que la familia en cuestión recibe 100 porque trabajan J. Simplemente ambas cosas ocurren.
Ahora bien, asumamos que puede existir un caso en que alguien quiere trabajar más que J. ¿Será bueno que lo haga? El exceso de J puede ser bueno, si se maneja con cierta medida. Alguien que se dedica a investigar un nuevo conocimiento, a crear objetos bellos, a atender a personas con necesidades o a producir cosas necesarias brindará más a la sociedad si trabaja más que J. Sin embargo, si el exceso de J es tal que se resiente su tiempo de descanso, su tiempo para compartir con su familia y amigos, entonces el beneficio que se produce, comenzará a compensarse con una insatisfacción personal que a la larga comenzará a deteriorar las condiciones de convivencia.
Por lo anterior podemos concluir que no es bueno trabajar más de J, excepto cuando trabajamos sólo un poco más que J y durante un tiempo limitado. Recuérdese que estamos considerando el caso de una familia que no tiene necesidades insatisfechas.
Ahora bien ¿existirá alguna razón legítima por la que alguien quiera ganar más que 100? También las hay. Alguien podría querer comprar un instrumento musical especialmente caro, hacer una reforma en su casa, tener dinero para un viaje especialmente largo, colaborar en alguna causa que recibe donaciones. Asumo a efectos de esta consideración que educación y salud son cubiertos por el Estado
Ganando un poco más de 100 se podría ir ahorrando para cubrir dichos gastos. Ahora bien, ¿qué pasaría si alguien ganase mucho más de 100? Pues entonces el exceso en lo que se adquiere puede tener dos destinos: se compra más de lo que se necesita, o se acumula el excedente. Si se compra más de lo que se necesita se habrá mal gastado el esfuerzo en producir cosas ya que lo que se tendrá no se usará bien. Usar algo necesita tiempo y no tendremos tiempo para todo. Si alguien compra dos bicicletas iguales, no podrá usar ambas a la vez. Si alguien tiene tres pantalones está muy bien. ¿Pero para que tener 30? Tener en exceso supone que el la cantidad de trabajo destinada a satisfacer el exceso es mayor, sin que reporte ningún beneficio.
Y si alguien simplemente acumula el excedente -asumimos que no es el ahorro colectivo para cubrir vejez, invalidez, o catástrofes naturales- lo que hace es despreciar el trabajo amontonado su referencia abstracta con preferencia a su concreción material. El dinero sobre las cosas.
Así pues, es bueno trabajar lo justo, y en algunos casos trabajar apenas más. También es bueno ganar lo justo, y en algunos casos apenas más. Tal par de cosas establecen bases para círculos virtuosos. Especialmente en una sociedad en la que la retribución proviene de lo trabajado.
Porque si trabajando J conseguimos 100, trabajando apenas más de J obtendremos apenas más de 100. No habrá pues ni un deterioro de las condiciones de convivencia ni tampoco un deterioro en el uso del fruto de lo trabajado.
Pero nótese que la sociedad en que vivimos se basa en el nivel constante de insatisfacción. Real o imaginaria, se presiona para que se trabaje más, y para que se tenga mayor “productividad” (producir más con menos en igual o menor tiempo). Tal cosa conduce a trabajar mucho más de J, con deterioro de la vida personal y colectiva. La insatisfacción por ello conduce a que se quiera tener más cosas a fin de ahogar la mala sensación, ya que la ideología dominante no permite que veamos el origen de problema. La constante compra de objetos presiona a trabajar más, y a tener cosas que nunca usaremos. Y además a ahorrar recursos que nunca o casi nunca tocaremos. Y para que eso siga andando se deprimen los ingresos de unos para acrecentar los de otros. Con lo que los “deprimidos” trabajarán aún más para… comprar lo que necesitan, o lo que les han hecho creer que necesitan. Esa presión de mayor compra, como será compra de lo innecesario producirá basura innecesaria, y ésta es siempre un problema grave en cualquier sociedad en la que la velocidad a la que los desechos son reabsorbidos por el mundo físico es menor que la velocidad a la que son producidos.
Así que cuando te dicen, “Los salarios altos son deseables porque ellos determinan una demanda que crea trabajos menos calificados”… están justificando un círculo vicioso. Y cuando te dicen “La obsolescencia programada es deseable para mantener funcionando la máquina industrial”, también. Y cuando se te pide mayor productividad. O que seas más trabajador. Y cuando te invitan a cambiar de celular todos los años -siendo que el anterior anda aún bien. O a tener un auto privado cuando lo único que haces es ir de tu casa a un trabajo al que puedes llegar en ómnibus. A tener demasiada ropa, o tantas cosas más.
Todo eso son manifestaciones de círculos viciosos.
Por el contrario, trabajar la cantidad adecuada para cubrir las necesidades, apoyar las iniciativas que disocian el trabajo realizado de los ingresos recibidos, tener ingresos que cubren las necesidades excepto para proyectos puntuales, se eficaz pero sin desesperar por la eficiencia, no entrar en la maquinaria de la competencia económica colectiva, apuntar a la reutilización de los desechos, prolongar la vida útil de las cosas que disponemos, todo ello apunta a un mejoramiento de las cosas.
Todo eso manifiesta círculos virtuosos.
Pero cuidado: no imaginen que en tal estado de cosas van a poder vivir como una familia de una serie de televisión, o cómo en los anuncios de publicidad. Se trata de optar por la modestia en el tener y el usar. Se trata de elegir “TRANCAR la economía”. Ya que cuando se dice usualmente “la economía” se dice un cierto modelo económico como si fuese el único posible.
Y así cómo dentro del capitalismo hay más de un modelo económico -por ejemplo, no es igual el manejo keynesiano que el neoliberal aunque ambos responden al mismo sistema que incluye ambos modelos- tampoco dentro del socialismo hay un único modelo posible.
Un socialismo que apunta a desarrollar las fuerzas productivas pero NO a saturar su desarrollo, que apunta al uso tecnológico pero ralentizando la velocidad económica para permitir que los desechos no superen su reabsorsión, sería un modelo virtuoso. Consiste en aprovechar lo mejor de las experiencias de las economías que ya no son -las cámaras Zenit de la antigua URSS aún siguen muchas funcionando si usted quiere tomar fotos con rollo, ¡y tienen más de 40 años!: negación total de la obsolescencia programada. Y en ir hacia una nueva forma de entender la producción y la REPRODUCCIÓN de las condiciones de vida.

Soberanía Popular y los conservadores

“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. Eso dijo Artigas y desde las escuela nos lo enseñan. Es una frase que implica concepciones teóricas, como casi toda otra frase que hallemos lo hace. Pero en este caso se trata de concepciones relevantes.

Artigas dice que la autoridad que él tiene parte de una asamblea popular formada por fuera de los mecanismos institucionales legalmente vigentes, y que es la presencia de esa asamblea la que es soberana. (Que algo o alguien es soberano o soberana, indica que es aquél de quién legítimamente emana el poder de dictar leyes y órdenes ejecutivas).

Artigas está apelando por un lado a la tradición filosófica en ese momento muy reciente, la de Juan Jacobo Rousseau, que decía que los hombres se reunían y establecían por esa reunión un cierto “contrato” del cuál emanaba toda autoridad política que posteriormente existiera en el estado. Yo personalmente no soy “contractualista”, no creo que la autoridad parta de ningún contrato, pero estoy indicando cuál es la concepción en la que se basaba Artigas para decir eso.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con lo que la práctica histórica que estaban desarrollando implicaba. Había una reunión de criollos, seguramente muchos de ellos armados, muchos de ellos integrando el bastante informal ejército, y de ese grupo surgía la autoridad, que nacía y se extinguía en su so”Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra prescencia soberana”. Eso dijo Artigas y desde las escuela nos lo enseñan. Es una frase que implica concepciones teóricas, como casi toda otra frase que hallemos lo hace. Pero en este caso se trata de concepciones relevantes.

Artigas dice que la autoridad que él tiene parte de una asamblea popular formada por fuera de los mecanismos institucionales legalmente vigentes, y que es la presencia de esa asamblea la que es soberana. (Que algo o alguien es soberano o soberana, indica que es aquél de quién legítimamente emana el poder de dictar leyes y órdenes ejecutivas).

Artigas está apelando por un lado a la tradición filosófica en ese momento muy reciente, la de Juan Jacobo Rousseau, que decía que los hombres se reunían y establecían por esa reunión un cierto “contrato” del cuál emanaba toda autoridad política que posteriormente existiera en el estado. Yo personalmente no soy “contractualista”, no creo que la autoridad parta de ningún contrato, pero estoy indicando cuál es la concepción en la que se basaba Artigas para decir eso.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con lo que la práctica histórica que estaban desarrollando implicaba. Había una reunión de criollos, seguramente muchos de ellos armados, muchos de ellos integrando el bastante informal ejército, y de ese grupo surgía la autoridad, que nacía y se extinguía en su soberanía.

Vale decir, la Soberanía Popular.

La concepción implica que la soberanía radica en el pueblo. Es del mismo que surge para luego ser aplicada con arreglo a leyes mediante autoridades legítimamente elegidas, y finalmente cesa ante el propio pueblo, que será por un lado quién juzgará renovando o no los mandatos a los ciudadanos a quiénes se asigna responsabilidad política; y también cesa ante el pueblo que a su tiempo cambiará las instituciones políticas en vigor.

Porque sin duda, las cosas cambian. Siempre cambian. Por lo que en algún momento las instituciones que eran adecuadas y útiles, dejarán de serlo y tendrán que ser modificadas, o cambiadas. Creo que ya nadie cree que las instituciones políticas deban ser eternas.

Pues bien, tal tesis, la de la “Soberanía Popular” está expresamente negada en nuestra Constitución que profesa la tesis de la “Soberanía Nacional”, que se le contrapone. Esa es una tesis que también parte de un pensador francés, Sieyès, quién sostenía que la soberanía no debía radicar en el pueblo, sino en la unión de este con cierto marco institucional y jurídico. Hay que considerar que Rousseau se constituyó en la inspiración de los Jacobinos (la izquierda en la revolución francesa, pero muchas de cuyas propuestas hoy diríamos son de derecha) mientras que Sieyès era un girondino, un conservador bonapartista.

La justificación que se suele dar a favor de la tesis de la “Soberanía Nacional” es que el golpe de estado de Terra fue realizado reclamando que se actuaba según la “Soberanía Popular” ya que el presidenta había sido electo por el pueblo. Tal uso del concepto de “Soberanía Popular” es sin duda errado, ya que aunque el Presidente realmente era ungido en función de la misma, la interrupción de la institucionalidad republicana no podía hacerse por una autoridad delegada de tal “Soberanía Popular” sino sólo por ella misma. Así pues, los conservadores uruguayos aporvecharon para incluir el concepto de “Soberanía Nacional” como cura contra un uso errado y oportunista del concepto de “Soberanía Popular”.

Pues bien, ahora que estamos estudiando una reforma a la constitución ¿no sería bueno cambiar el artículo 4º de la misma, y pasar a establecer la “Soberanía Popular”, siguiendo el precepto Artiguista?

Algo así como:

Artículo 4º. La soberanía en toda su plenitud existe radicalmente en el Pueblo, de quién emana y ante quién cesa. Al mismo compete el derecho exclusivo de establecer sus leyes, del modo que más adelante se expresará.

(Escrito a las últimas horas del 14 de diciembre de 2016 y primeras del 15, bajo la grata noticia de la muerte del dictador Álvarez, golpista

¿Qué es la censura?

¿Qué es la censura? No pregunto por la definición del diccionario o de un manual legal. Conceptualmente, ¿qué es?

La censura consiste no en otra cosa que en la arbitraria negación o limitación de la libertad de expresión. La libertad de expresión es la capacidad de cualquier persona para decir y difundir aquello que quiera decir y difundir. Hasta ahí parece muy claro.

Ahora vayamos a los detalles, que siempre complican la cosa, al tiempo que lo traen a la realidad.

Hemos propuesto que es la censura la negación “arbitraria”, de dicha capacidad. Así por ejemplo un juez sujeto al secreto de su actividad profesional tiene negado el poder decir y difundir lo que quiera si lo que quiere entra en conflicto con tal obligación de secreto. Y está muy bien que así sea. Esa no es una negación “arbitraria” de la libertad de expresión, sino una negación necesaria de dicha capacidad.

Así cómo hay negación necesaria, también hay limitación necesaria. Por ejemplo cuando se establece que ciertos espectáculos no son aptos para todo público sino sólo para mayores de edad.

Por supuesto no es claro y distinto siempre cuando es o no necesario el negar o limitar tal derecho. La negación es claro que solo debiera ocurrir en caso excepcionales, definidos por su generalidad en lo previo para no afectar a personas en una acción persecutoria. La limitación es bueno también que tenga un margen general, -cómo cuando se impide que alguien haga apología de lo criminal y que incite a realizar crímenes- pero muchas veces refiere a casos particulares, como si alguien específico y bien conocido hiciera uso de su acceso a medios masivos para fomentar el odio racial.

Si tal cosa ocurre, ¿no estaremos todos contestes en que esa persona debe recibir repudio social, que su acceso a ese medio debe ser limitado y que posteriores acciones judiciales habrían de seguirse?

Posiblemente los anarcos y los liberales a ultranza no. Pero con la salvedad de tales posturas el resto concordaremos. (Atención, que concordemos no hace que tengamos más razón que ellos, pero el entender porqué considero que así es nos llevaría a otro tipo de artículo diferente del que estoy intentando escribir, y que ahora se va a precisar en un caso concreto en discusión)

Un canal de televisión abierta va a exhibir una serie de origen turco en la que una niña es violada y casada contra su voluntad con un adulto. Una cantidad no despreciable pero tampoco masiva de ciudadanos nos hemos expresado en contra de tal tira. Otra cantidad tampoco despreciable ni masiva dice que estamos reclamando se ejerza una censura y que en pos de la libre expresión se debería permitir su exhibición.

Y antes de ir al punto aclaro que no soy ingenuo. Y que no se trata de si la tira es turca, o si viene de un país musulmán. Se trata de que es una tira en la que la niña finalmente va a “amar” a su violador/esposo. Y eso es lo inaceptable. Porque si en la tira hubiera una revuelta contra él, un escape, un amor ilícito con el que se evade… bien, en tal caso no habría, al menos de mi parte una protesta. Porque la trama deslegitimaría el abuso. Pero lo que hará será reificarlo.

Y sé bien que en nuestra sociedad ocurren casos de abuso como ése y peores, pero nada de eso es lo que está en discusión en este artículo

La discusión es si es o no es censura.

Y yo digo que no.

Para empezar, porque no se trata de una limitación a la libertad de expresión -que no negación- que resulte arbitraria, sino que apunta a velar por las normas de convivencia que creemos justas para nuestra sociedad. Normas en la que los hombres y mujeres de toda edad seamos tratados como personas y no como mercancías, patrimoniales o sexuales.

Ha de comprenderse que, nos guste o no, la televisión abierta ocupa un lugar social hoy equiparable al que ocupaba el púlpito de la homilía católica en el siglo XIX. La televisión dice a la gente lo que está bien y lo que está mal, y la gente se lo cree.

Por eso esta serie no es aceptable sea pasada por un canal de televisión abierta, ni siquiera si fuera en el horario en que no se protege a los menores.

No veo sin embargo que tenga sentido impedir se emita en los canales de cable en un régimen como el llamado pay per view , o pago por ver. Y me parece que eso es aceptable porque de todos modos, el que quiera hoy puede bajar la serie completa desde internet y mirarla tranquilamente en su casa. Impedir tal acceso, sí sería un acto de censura.

Es que el lugar social de la televisión abierta, es distinto al lugar de los servicios de televisión paga, y de las descargas desde la red.

Para terminar, un último aspecto. La formulación de una programación de televisión no es una cuestión de libertad de expresión. Es una cuestión de la libertad empresarial del propietario del canal de televisión.

Los contenidos de los canales se regulan de acuerdo con las expectativas y planes económicos de los dueños del mismo, y por lo tanto limitar a un canal no es limitar la libertad de expresión, sino la libertad de empresa. Otro concepto, muy distinto por cierto, por el que no siento el más mínimo aprecio.

La Gorra

Hay más de una forma en esta sociedad para acceder a los bienes y servicios, pero el nivel de aceptación de la ideología dominante se muestra -entre otras cosas- en cómo asumimos que sólo hay uno. “Trabaja, gana un dinero, y con él pagas por lo que necesitas”.

Dejando de lado la estructura del delito -que es una necesidad estructural pero también un comportamiento parasitario-, esto es lo que es percibido como la forma “natural” de conseguir cosas. (No voy a aquí a discutir que eso de natural no tiene nada, y que más aún, sería muy bueno abandonar por uno o dos siglo la expresión de que tal o cuál cosa es “natural”, pero hago constar mi especial rechazo a ese término).

Tal naturalización pasa por algo que constantemente accedemos a cosas que necesitamos por las que no hacemos ningún pago y que sólo consideramos serían pagables en cuánto observamos cómo en otras sociedades lo es. Para un uruguayo es natural entrar a una playa, por ejemplo, sin necesidad de pagar. Pero otras cosas las recibimos dadas por el Estado, como la educación o salud pública, sin que medie un pago nuestro. (El pago de impuestos es una necesidad y obligación que refiere a dar recursos al Estado. Luego este decidirá si lo vierte en educación y salud o en sillones lujosos para un despacho, por lo que no podemos decir de ningún modo que estamos pagando con nuestros impuestos la educación o la salud).ueno abandonar por uno o dos siglo la expresión de que tal o cuál cosa es “natural”, pero hago constar mi especial rechazo a ese término).

Tal naturalización pasa por algo que constantemente accedemos a cosas que necesitamos por las que no hacemos ningún pago y que sólo consideramos serían pagables en cuánto observamos cómo en otras sociedades lo es. Para un uruguayo es natural entrar a una playa, por ejemplo, sin necesidad de pagar. Pero otras cosas las recibimos dadas por el Estado, como la educación o salud pública, sin que medie un pago nuestro. (El pago de impuestos es una necesidad y obligación que refiere a dar recursos al Estado. Luego este decidirá si lo vierte en educación y salud o en sillones lujosos para un despacho, por lo que no podemos decir de ningún modo que estamos pagando con nuestros impuestos la educación o la salud).

Y así como ya vimos más de un modo de acceder a las cosas, aún hay más.

Yo quiero detenerme en aquél modo con el que desde hace años vengo trabajando: el trabajo “a la gorra”.

El mismo consiste no en otra cosa que en entregar aquello que se hace ANTES de que toda retribución sea recibida, y sin ninguna promesa de la misma ni derecho a retirar lo dado. Uno entrega su trabajo y chau. Luego, los que lo recibieron deciden si quieren dar algo a cambio de ese trabajo, o si pueden hacerlo.

Tal forma favorece el enriquecimiento de todos. Todos habrán recibido lo dado. Y sin duda lo que yo recibo me alcanza para seguir acá, que es el objetivo para el que uno recibe dinero.

Este modo de generar distribución y retribución sería muy bueno extenderlo. Que no sólo sea aplicado en las artes -especialmente en el arte callejero ejecutable es dónde se lo ve- sino que otras actividades fuesen tomando parte en el mismo.

Hay bandas y solistas que lilberan sus discos y ponen un botón de “donación” o similar para los que quieren colaborar. Hay sitios en los que se puede oír la música en línea, y se habilita un pago para quién quiera bajarlo. Y muchos otros modos.

Sería muy bueno que la gente que hace otras artes, como el cine por ejemplo, comprendiese que podrían trabajar de ese modo, y liberar el acceso a su producción, para luego recibir lo que les sea dado, sin esclavizarse a los modelos de distribución y venta habituales.

La plena imposición en el espacio de las artes de este modelo podría ser un avance para luego conducir esto a otros campos, produciendo mediante la acción, una interesante contienda contra la ideología dominante, esa que quiere hacernos creer que todo es compra y venta.

El Tío Rico es Presidente

En las últimas horas Donald Trump se ha coronado Presidente de los Estados Unidos de América, cosa que ha generado ya muchos comentarios. Uno resulta una y otra vez alarmante: se sigue insistiendo en que se trata de un hecho inesperado.

Volvamos un poco hacia el pasado para ver si es así.

Cuando Trump comienza su carrera hacia el sitio que hoy ocupa recuerdo haber pensado que no era alguien que pudiese ser elegido, que seguramente tenía algún propósito oculto al que atendía postulándose incluso para ser vencido. Más tarde consiguió ser el postulante republicano, y ahí supuso una confabulación con Clinton para “limpiar” la interna republicana de candidatos que pudiesen ganar, y así Hillary podría transitar con serenidad su paso triunfal. Pero en las últimas semanas se tornó evidente que realmente tenía posibilidades, y finalmente ganó.

La sorpresa en la primera y la segunda etapa podría producirse. En esta última ya no era posible. Y si bien las encuestas daban una victoria demócrata, en los últimos días el margen de victoria se encontraba por debajo del margen de error. Por lo cuál de sorpresa… nada.

Ahora veo que muchos intentan explicar cómo consiguió ganar las elecciones y para ello hacen conjeturas sobre que tal y cuál componente en la psique de los votantes o que la situación concreta de los mismos los impulsaba a actuar así. Pueden o no tener razón. A la distancia, uno no puede saber realmente cuál de esos análisis es o no el correcto. Pero en cualquier caso, no me interesa demasiado. Y no me interesa demasiado porque me interesa otro enfoque.

Cuando alquilen llega a la presidencia de un estado, sea el modesto Uruguay o una superpotencia como USA, llega no por los contenidos mentales de los votantes, sino porque hay un conjunto de relaciones concretas estudiables que lo hacen no sólo posible, sino necesario. Por lo tanto -visto al revés- cuando alguien es electo, dicha elección nos está indicando, si bien no con meridiana claridad, cuál es el actual estado de la sociedad en que ocurre la elección.

Y si se trata de una superpotencia mundial, nos habla también de cuál es el estado del mundo.

Lo primero es que por lo tanto los elementos discursivos “folclóricos” deben ser dejados de lado en esta consideración. Trump hizo alarde de machismo, de racismo y desprecio. Y eso no es algo sin importancia, pero a los efectos de lo que nos proponemos acá no aporta nada. Esos aspectos por lo tanto los dejamos para otras consideraciones.

¿Qué es pues lo relevante?

Trump parece inclinado a revivir el aislacionismo que fue la nota dominante en la política exterior de USA antes de la Segunda Guerra Mundial. O dicho de otro modo, veremos menos presencia militar estadounidense por todos lados. Pero más aún: piensa en mejorar el consumo interno para mejorar su industria local, con medidas tal vez keynesianas, y muy probablemente proteccionistas. Pues bien… eso suele funcionar bien.

Empecemos por esto último.

Trump puede verse como el fin del discurso neoliberal monetarista en lo económico, y el retorno a otros tipos de discurso económico, igualmente capitalistas, pero que la ortodoxia del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial venía demonizando como si fuesen, casi casi, acciones de un marxista. El cambio a otra textualidad económica imperante es un cambio de parte de la ideología dominante -en la primer potencia mundial- y es relevante porque es un cambio que “abandona” su rol de Rector mundial de una economía sin barreras, cosa en la que otro republicano troglodita -Ronald Reagan- se transformó en campeón internacional “inspirado” en el ejemplo inglés de la Dama de Hierro, o sea Margaret Tatcher.

Nótese que eso comenzó en el Reino Unido y de ahí pasó a USA.

Pero continuemos.

Ese aislacionismo también parece augurar una mejor presencia militar en “extramuros”, o sea dónde vivimos todos los demás seres humanos a los que Dios no nos ha elegido para nacer en la nación del Destino Manifiesto. Si bien el discurso de Trump era muy belicoso, no hay que olvidar que Clinton (Bill), Obama y su Secretaria de Estado -en uruguayo Ministra de Relaciones Exteriores- Hillary (Clinton) se la han pasado interviniendo y bombardeando por doquier.

Igual que el punto anterior, habrá que ver si el discurso se transforma en cambios concretos en la acción, pero todo permite pensar que habrá menos “acción” constante de USA por todo el globo, cosa coherente con el aislacionismo. Y tal acción implicará también acordar con Rusia -y con Putin- una acción conjunta para acabar con el Estado Islámico… que surgió por causa de la acción de USA en la región, y hasta muchos señalan con no poca verosimilitud, fue creado por la candidata perdedora en el cargo que antes mencioné.

Y aquí nótese lo de hallar acuerdos de acción militar con Putin. Porque esto es muy importante.

Tras el fin de la Guerra Fría, el desmembramiento de la URSS dejó un mundo unipolar guiado por USA-EUROPA a través de la OTAN. Pero la relevancia creciente de países que cada vez se hacían más importantes comenzó a poner en tela de juicio tal unipolaridad. Apareció el BRICS -Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica. Y justamente… parece que ahora Trump no quiere acordar con Europa sino con Rusia.

Pero obsérvese además como en Brasil un golpe institucional -que es la expresión que hallo más apropiada para lo que allí ocurrió- desalojó a los elencos progresistas del gobierno instaurando la hegemonía de la BBB: Biblia, Bala, Buey, una coalición de partidos evangélicos -en su versión de iglesias de lavado del narcotráfico muchas veces-, grupos militares, y grandes hacendados. O sea, un golpe desde la derecha, desde el poder.

Eso es concordante con Trump, un hombre del poder, de la pura derecha. Y lo que hace es debilitar la B de RICS… pero si Trump acuerda con Rusia … ¿no quedaría un ICS?

Y aquí pido que pensemos en el Reino Unido. Hace poco allí se votó el Brexit, la salida de la Unión Europea -la explicación de que la UE es o fue la hegemonía de una visión capitalista almibarada llamada socialdemocracia y que los sucesos de los últimos años marcaron la bancarrota política e ideológica de la misma quedan para otro día- y el Brexit, muchos han señalado, es un acontecimiento deseable para una Inglaterra que quiere constituirse en el socio europeo de China.

Así, una vez más, el Reino Unido actúa primero.

Pero lo hace para abandonar los intereses de la alianza USA-EUROPA, por lo cual USA tira a Europa a un lado y se inclina por Rusia, con lo que consigue un aliado con mejores perspectivas de futuro, con una estructura de poder más claro, y de paso debilita al bloque de China.

Esa es la lectura que hago yo de esta coyuntura internacional. Y por ello el regreso del aislacionismo, es una forma de “intervención minimizada” esta vez, y un repliegue que nos habla de algunas cosas que habrá que ver si son o no como podemos conjeturar.

Especialmente si ha llegado el momento en que el costo de mantenimiento del aparato militar de USA es mayor que el beneficio que produce. Porque todos los imperios caen cuando tal cosa ocurre.

Mientras… yo prefiero que nosotros nos vayamos alineando del lado Chino. Pero eso es cuestión de otra discusión.

El papelón del vice sin papel.

El vicepresidente de la República, electo por el Frente Amplio, cuyo nombre es Raúl Sendic, está siendo enjuiciado por falsear sus credenciales académicas. Este asunto tiene -como casi todo asunto real- varias consideraciones posibles. Intentemos abarcar la mayoría de ellas.

Lo primero es que existe legislación nacional para los casos en los que alguien se adjudica un título que no le corresponde. La misma incluye un clarísimo error -dice “abrogar” dónde debiera decir “arrogar”, con lo que prohíbe renunciar a un título y no adjudicárselo. Tal mamarracho legislativo, imputable ignoro a cuál legislatura del pasado, debería ser modificado pero no tendrá consecuencias sobre este caso.
Dicha legislación además penaliza que se adjudique uno un título que refiere a una profesión para la cuál el mismo es un requisito. Por ejemplo, no puede alguien decir y ejercer como ingeniero, adjudicándose tal título, ya que cometería delito. Pero si alguien se dice Licenciado en Filosofía… pues no hay mancha. Eso también debiera de estarse modificando, aunque más no sea para generar respeto a lo obtenido mediante el esfuerzo y el estudio.
Además sólo penaliza aquello que existe como un título universitario que se expida en el país. Un mundo del pasado, en el que la gente estudiaba usualmente sólo aquí hace comprensible tal cosa. Pero actualmente se pude trabajar y hasta estudiar desde enormes distancias a través de los dispositivos electrónicos. En eso también está mal la ley, y por lo tanto correspondería modificarla.
Pero eso tampoco va a afectar el juicio actual, ya que existe un principio jurídico que hace que las leyes no sean retroactivas. Así que en cualquier caso… Raúl Sendic va a zafar, sea que halla o no mentido en este asunto.

Lo segundo es que muchos adjudican a este juicio una intención política que resultaría de el complejo y clarísimo proceso de ataque político desde las derechas continentales a los gobiernos populares y progresistas en nuestra región.
Sin duda esa ataque político, que en muchos casos ha seguido un procedimiento judicial, existe en la región. Pero en este caso que nos ocupa no es el caso. El que acusa es un abogado de posiciones de izquierda infantilista -o ultra izquierda como se la suele llamar. Y eso de que los extremos se tocan es meramente una figura retórica.
En Salles al acusar hay una intención contra el gobierno, pero una intención que proviene de la inquina de los infantilistas contra el gobierno y contra el Frente Amplio. Que aparentemente coincida con los intereses de la derecha es sólo una afortunada coincidencia… para la derecha.
Debe no olvidarse sin embargo que muchas de las críticas de los infantilistas son correctas y que el Frente Amplio debiera tomar nota de ellas. Pero eso es otro asunto.

Lo tercero es que muchos dicen que lo grave es que el vicepresidente al no ser titulado debe renunciar. Eso es un disparate, ya que tener un título universitario no es un requisito para cumplir con un rol de vicepresidente. Ni fingir tener uno es un invalidante para serlo.

Lo cuarto es que otros tanto dicen que acá hay un problema ético, ya que Raúl Sendic ha mentido reiteradamente sobre tal título. Y Sendic dice que no mintió, sino que otros pusieron el título ante su nombre y él sólo omitió decir que estaba mal.
Acá entramos en una meticulosa, engorrosa e inútil discusión sobre lo que es o no es mentir. Si me apuran, yo diría que mentir es solamente decir algo que no es, sabiendo que no es. Y alguna interpretación de esa fórmula podría incluso interpretarse para decir que no mintió.
Pero yo creo que si alguien ve ante su nombre un título y no hace que se retire el mismo está indirectamente indicando la corrección del mismo. Está “diciendo” aunque no sea un uso estricto del decir.
Resolvamos este punto de este modo: Raúl Sendic sostuvo a lo largo del tiempo, con su aquiescencia, una falsedad reiterada. Lo que es idénticamente malo a mentir.
Y sin duda, hay un problema ético entonces.
Habiendo tal problema lo que correspondería hubiera sido dar un paso al frente y decir algo Lo cuarto es que otros tanto dicen que acá hay un problema ético, ya que Raúl Sendic ha mentido reiteradamente sobre tal título. Y Sendic dice que no mintió, sino que otros pusieron el título ante su nombre y él sólo omitió decir que estaba mal.
Acá entramos en una meticulosa, engorrosa e inútil discusión sobre lo que es o no es mentir. Si me apuran, yo diría que mentir es solamente decir algo que no es, sabiendo que no es. Y alguna interpretación de esa fórmula podría incluso interpretarse para decir que no mintió.
Pero yo creo que si alguien ve ante su nombre un título y no hace que se retire el mismo está indirectamente indicando la corrección del mismo. Está “diciendo” aunque no sea un uso estricto del decir.
Resolvamos este punto de este modo: Raúl Sendic sostuvo a lo largo del tiempo, con su aquiescencia, una falsedad reiterada. Lo que es idénticamente malo a mentir.
Y sin duda, hay un problema ético entonces.así como “Señores, yo mentí” – o yo sostuve una falsedad, etcétera. Y hacerse cargo de las consecuencias éticas y políticas del caso.
Pero no… sólo ha hecho alguna declaración que defiende que no mintió y que se hace cargo sólo de los inconvenientes derivados de … algo.
Esto es una segunda falla ética, a mi gusto mucho peor: el no reconocimiento de la responsabilidad personal y política.

Ante lo cuál algunos salen a decir -especialmente desde la derecha- “mintió y por eso debe renunciar”. Otro disparate.
Sendic fue elegido para cumplir con un trabajo durante cinco años. Si hubiera mentido sobre ese trabajo o en lo referente al mismo, pues se podría discutir si corresponde o no renuncia. Pero no es el caso. Mintió sobre otro asunto. Lo que se merece es la repulsa ética y que no lo voten ni para concejal de algún municipio remoto.

Y voy a agregar acá algunas consideraciones sobre este asunto que publiqué hace unas semanas en Facebook

“Me tienen podrido con Sendic.
(…)¿puede alguien decirme en qué cabeza cabe lanzar un nombre para presidente 5 años antes? Es obvio que te lo van a torpedear por todos lados. Así que o los operadores políticos, y el mismísimo presidente traidor al FA, Tabaré Vázquez lanzaron el nombre para que lo hundieran y luego salir al cruce con otro nombre -una estrategia tan vieja como el mundo-, o de lo contrario están tan agrandados que no tienen contrafuerte.
Pero ni siquiera eso es lo peor.
Porque por supuesto, tirás al nombre de Raúl Vicepresidente Sendic, y lo empiezan a torpedear con Ancap. Y bueno, lo postulaste porque si se halla el petróleo -cálculo más elemental y tosco que ladrillo ‘e campo- gana con un cuerpo de luz sobre su rival. Por eso… es de básico cálculo político que te van a torpedear a Ancap… justo cuando estás a punto de hallar petróleo.
(…)
[nótese que aún no se ha hallado petróleo para mayor agravante]
Pero ni siquiera es lo peor.
¿Qué mérito tiene Raúl hijo excepto Ancap? ¡Ser hijo de Raúl padre!
Lo cuál nos coloca en el mismísimo punto que el batllismo y el herrerismo, intentando votar a series de apellidos, dinásticamente predispuestos. Los méritos del padre, serán entonces los únicos argumentos del hijo.
Ah… pero… ¿tiene el padre algún mérito?
No.
Raúl Sendic PADRE era políticamente un imbécil. Fundar en el Uruguay de los 60 el MLN-T, en contra de la recomendación del Ché Guevara entre otros, fue sabotear el proceso político de acumulación en el campo popular. Fue ir contra la CNT y contra el Frente Amplio luego.
El MLN-T fue un grupo, que a pesar de sus buenas intenciones, nunca superó una ideología pequerñoburguesa, y fue un fruto histórico de la frustración de las capas medias por no poder sostener su nivel de vida tras la crisis del neobatllismo.
(…)”

Recordando eso… ¿qué debería en torno a este tema hacerse?

El FA debería repudiar la actitud antiética de Sendic, respaldando con su omisión falsedades. Debería repudiar las mentiras, tal vez por solidaridad, de la Senadora Topolansky -que cuidado, si Raúl renuncia, será ella la vicepresidenta. Debería desmarcarse de todo dirigente que aunque más no sea indirectamente halla respaldado esta payasada.

Y proponer ya las enmiendas a la norma que para futuras ocasiones la hagan claramente efectiva y no un bochorno que ante quién no comprende el funcionamiento de lo legal sólo produce descrédito.

Hay una ofensiva de la derecha, pero no pasa por el juicio contra Raúl Sendic. Ni por el absurdo de un Bordaberry que proclama una risible disolución de las cámaras. Pasa en Uruguay por la PRENSA.
La Prensa, la grande, los canales principales, las radios de gran audiencia, los diarios son propiedad de la oligarquía asociada al imperialismo. Y les votamos una ley de medios que no los amordaza.

Señores, esto es lucha de clases. Si no les pegamos dónde les duele, la prensa que es desde el 2005 su organización política principal, ellos nos pegan a nosotros.

De cobardes que miran la calculadora a ver si en el 2019 conseguirán seguir en  un cargo no se hace la historia.