El final de una etapa o la etapa de un final

En el 2002 la economía del Uruguay fue destruida. Después de eso, el gobierno aplicó recetas restrictivas que mantuvieron el ojo en los números fiscales, dejando librada a la gente a su suerte. Tal cosa es lo que pretende la teoría liberal y la teoría neo liberal del Estado.
Luego ganó el Frente Amplio.
Y comenzó a intervenir -tímidamente- en lo económico. E inyectó dinero en las familias. Y favoreció proyectos de inversión -el gobierno anterior sólo había logrado la reapertura del hipódromo de Maroñas y la instalación de muchas salas de timba. Y el Uruguay, en una coyuntura favorable, remontó.
Es claro que después de la destrucción, era necesaria una etapa neo desarrollista. El desarrollismo es la suposición de que los males de un país se deben a su “subdesarrollo”, como si el mismo fuese una tara local, que nos sostiene en la infantilidad, y nos impide gozar de los bienes del mundo “desarrollado”. La metáfora con el crecimiento humano es muy sugerente y efectivamente seduce.
Pero lo cierto es que no existe tal cosa como países desarrollados y subdesarrollados. Lo que existe son países subdesarrolladores.
Países que se encargan de que otros sean sólo productores de materias primas, países que hacen que otros sean perennemente tributarios de su ciencia y tecnología, países que hacen que otros menosprecien su cultura y valoren sólo la ajena.
Y no lo hacen porque sean malvados: lo hacen porque así obtienen mayor ganancia.
Pero lo cierto es que cuando uno tiene la economía destruida, incluso acceder a ese estatus de “desarrollar el subdesarrollo” es importante. Así fue muy importante la construcción de las pasteras, y de la infraestructura del puerto para contenedores, y hubiera sido magnífico que se instalara la minera Aratirí -estropeando el 0,5% de la superficie del Uruguay-, y hasta que hallaran petróleo. Todas actividades que tienen que ver con ocupar el modesto lugar de país subdesarrollado del que se dice está en “vías de desarrollo”. Que viene a ser como un niño que hace los deberes.
¿Porqué es eso importante?
Porque lograr esa inserción en el mercado mundial en situación de dependencia generó los dineros para poder atender la emergencia social reduciendo la indigencia. Porque permitió mejorar la salud pública. Permitió tímidamente mejorar la enseñanza. Permitió mejorar los sueldos de los trabajadores públicos, que pasaron de una indigna miseria a cifras bajas pero que permiten vivir. Permitió los fondos concursables en cultura. Mejorar la UdelaR. Completar el SODRE. Etcétera.
Era totalmente necesaria una década de tal talante.
Estos últimos años del tercer gobierno, por el contrario, son innecesarios.
Este Poder Ejecutivo, traicionando la historia del Frente Amplio y las concepciones auténticamente populares, se ha abocado a sanear los números -cosa que se debe a desprolijidades en el manejo del gobierno durante la presidencia de Mujica- y en lugar de hacerlo mientras al mismo tiempo comienza a profundizar las relaciones democráticas a lo largo y ancho de la sociedad, mientras comienza a brindar más poder a los trabajadores, grupos locales y grupos de interés… no. Lo que hizo fue ordenar los números poniendo un énfasis en los aspectos fiscales. ¡Caramba justo como los gobiernos neoliberales!
Y eso es así porque la ideología dominante nos ha penetrado hasta el corazón mismo del Frente Amplio.
Algunos creen que estar mejor es disponer de más bienes, de más viajes, de más dinero para salir. Discrepo. Estar mejor es hacerse con el poder de decidir por sí, incluso cuando se dispusiera de iguales o menos bienes, incluso con iguales o menos viajes, incluso con igual o menos dinero para salir. Lo importante es hacerse cargo del curso de la propia vida, entendiendo que esta es algo más que comprar y comprar.
Era previsible que al lograrse una reiterada supremacía electoral del Frente Amplio lo que ocurriría es que las clases dominantes lo infiltrarían. Y fíjense que bien que lo logran: el ex vicepresidente y actual canciller está casado con la séptima persona más rica de este país. El presidente es un empresario médico. El ex ministro (reciente) de Ganadería y Agricultura es un gran productor arrocero. El ex prosecretario y subsecretario del interior -hermano del presidente- es empresario en seguridad. Etcétera.
Todos prendidos a las formas de entender y obtener ganancias dentro del capitalismo. ¡Es el sueño de aquél reportaje de Mujica que reclamaba un capitalismo bueno!
Pues bien, no hay capitalismo bueno.
El capitalismo siempre es sufrimiento y destrucción. La unidad de medida del capitalismo no es nuestro país. Supone siempre -en este estadio de su desarrollo- un sistema en el que un país central (que es el centro de un sistema imperialista) está rodeado por varios países periféricos, en algunos de los cuáles puede haber algo de “orden y progreso”, y en otros de los cuáles hay constantes guerras fratricidas. Todos integramos una unidad en ese sistema.
Una vez cumplida la etapa neo desarrollista, hay que moverse hacia adelante. Hay que girar a la izquierda. Hay que avanzar a una etapa democrática avanzada.
Para eso hay que pensar bien en qué candidato presidencial queremos.
Yo digo que el FA no debe tener un candidato empresario. Ni debe tener un candidato tecnócrata.
El candidato debe ser un trabajador.
Y la línea debe centrarse en la transformación política del Uruguay en un estado en el que se comience por dejar atrás la funesta constitución del 67, creada por los partidos tradicionales.

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¿Aprenderemos alguna vez?

Hace pocas semanas trascendió el caso de un estudiante escolar que habiendo sido reprobado por sus docentes, fue luego aprobado por el juez. Esto ocurrió porque los padres del infante recurrieron la desición docente ante la justicia, basándose no tengo idea en qué aspecto legal. Tampoco va a la raíz de lo que aquí intento plantear, así que no me preocupé por ahondar el tema.
Dejando de lado el aspecto jurídico aparece un primer tema: la agresión contra la educación llega ahora a establecer un poder jurisdiccional sobre la desición técnica del docente. Sin duda es algo grave, y sin duda debe ser reclamado, como ya lo está siendo.
Pero yo quiero observar otra cosa.
Esto ocurre en un colegio privado, el Santa María. Que si no ha cambiado mucho, no es ni de los más caros ni de los más baratos. Pero es en cualquier caso un colegio pago al que acceden jóvenes hijos de padres de capas medias, profesionales, pequeños comerciantes y apenas más. Hace años que no tengo contacto con la institución, por lo que esta información puede estar errada.
Pero en cualquier caso lo siguiente se sostiene.
Este problema nunca habría ocurrido en una escuela pública.
La realidad es que en la escuela pública van los hijos de los trabajadores, los hijos de los lúmpenes, y en raras ocasiones los hijos de profesionales o comerciantes de bajo nivel de ingresos. Esta gente no tiene un dinero de sobra para pagar a un abogado -la justicia es muy cara en Uruguay, y eso debería ser asunto de otra nota-, a fin de que un juez haga o no pasar de año a su hijo.
¿Porqué las capas medias llegan a hacer que un juez apruebe a su hijo, esto es, contratan a un abogado, pagan timbres y sellados judiciales, dejan de atender otras actividades para ir a un juzgado, etcétera?
Lo llegan a hacer porque creen que como pagan todos los meses la educación de su hijo, merecen que su hijo sea aprobado.
La sencilla razón de la cosa, es que la conversión de la educación -que es económicamente un servicio, pero sobre todo es un Derecho Humano y una obligación del Estado- en Mercancía se está completando aceleradamente.
Tal conversión que corresponde al fenómeno llamado Fetichismo de la Mercancía, ha hecho ya que las invenciones sean mercancía, que el arte sea mercancía, que hasta las secuencias genéticas sean mercancía.
Esto no es una aberración que puede ser resuelta dentro del sistema en que nos hallamos.
Esto es la lógica correcta de desarrollo del capitalismo.
Sólo puede ser superada mediante la destrucción del capitalismo. El capitalismo no puede ser atemperado.
Y tal destrucción procede necesariamente de que los trabajadores tomen el control político del Estado, y desde ahí tomen la propiedad de los medios de producción, expropiando a los burgueses locales y a las multinacionales.
Pero parece que nos estamos olvidando de llamar a las cosas por su nombre. Parece que si uno declara qué es lo que ocurre y cómo enfrentarlo hace trizas la unidad. Para nada.
Si queremos la Unidad, y si estamos dispuestos a transar en programas de gobierno reformistas, es sólo para producir una acumulación de fuerzas que permita profundizar la democracia de cara a llegar a superiores realizaciones políticas.
¿La estamos profundizando?
La unidad de medida es el avance o no en el tema de la Reforma Constitucional. Que otra vez, por tercer período, se durmió.
Así que ahora lo que estamos haciendo es siendo los cretinos útiles de los socialdemócratas.
El camino es claro. Ahora hay que ver si quienes tienen responsabilidad de conducción realmente quieren recorrerlo.

Es la última advertencia.

O reprobamos todos.

Doble decálogo más dos

Uno puede usar un código para tener una lista de conductas a seguir -por uno y los demás- y así poder señalar con el dedo a quién no lo cumple, o sentir que uno se halla en una terrible falta que hará que arda en el infierno o se reencarne en un escarabajo bostero. Sin embargo un código también puede ser entendido de otro modo.
Se lo puede tomar como una lista de acciones que si fueran llevadas adelante por todos harían del mundo un mejor lugar. Y eso no implicaría que si se hace otra cosa vaya a recibirse castigo alguno, real o imaginario, sino sólo que nuestra conducta puede mejorar.
Así que sin intención de ser exhaustivo, aquí va una lista de comportamientos valiosos. Como se verá, implica vivir de un modo muy otro que el que las clases dominantes preconizan.

  1. No tendré cosas que no necesito.
  2. Siempre que sea posible no compraré cosas.
  3. Cuando adquiera una cosa no pensaré en marcas ni en modas, sino en los componentes de lo que adquiero, su uso, y su reusabilidad.
  4. Reutilizaré hasta el último límite lo que tengo.
  5. Siempre que sea posible tomaré lo que hay en la basura de otros y lo recuperaré para el uso que sea adecuado.
  6. Cuando deba deshacerme de algo me preocuparé porque el no contamine, o lo haga lo menos posible, y que no lastime a nadie.
  7. Comeré alimentos frescos en la medida de mis posibilidades.
  8. No utilizaré ingenios para calefaccionar o refrigerar, excepto en caso de extrema necesidad.
  9. Siempre que pueda caminaré o me moveré en bicicleta.
  10. No tendré vehículos de transporte privados, salvo necesidad laboral, de salud o por vivir en zonas muy aisladas.
  11. En caso de tener vehiculos privados preferiré los eléctricos a los que queman combustible fósil.
  12. Usaré el transporte público.
  13. No tomaré prisas, armaré mi día de forma que no corra y no haga correr a los demás. Lo que no se haga hoy, se hará otro día.
  14. Trabajaré justo lo necesario para tener lo que necesito. El tiempo que gano lo utilizaré en actividades que sean beneficiosas directa o indirectamente para la comunidad.
  15. Siempre que necestite cosas tales cómo ropa, muebles, electrodomésticos, intentaré primero conseguirlos de segunda mano.
  16. No aceptaré trabajos que no hubiera realizado de buen gusto si tuviera que hacerlos gratis.
  17. Siempre presumiré que los demás actúan de buena fe hasta que se demuestre lo contrario. E incluso cuando sepa que no tienen buena fe el tono de mis palabras seguirá siendo el mismo, aun cuando deba decir el más contundente de los no, o expulsar a los mercaderes del templo.
  18. Nunca poseeré persona alguna. Ni en forma legal, ni mediante chantaje emocional.
  19. No contraeré matrimonio, ni participaré en instituciones que subordinan a las personas a los bienes.
  20. Siempre que me relacione con otras personas seré claro en mis intenciones.
  21. La comodidad no será nunca un criterio relevante
  22. La vida no tiene sentido, finalidad, ni significado. Eso nos libera y nos permite inventarle uno. Somos los dioses.

El fin determina los medios

Varias veces me han leído decir que el fin no justifica los medios, sino que el fin determina los medios. Y suele ocurrir que la gente se enoja, tal vez no entendiendo bien a qué voy.
Cuando alguien dice que el fin justifica los medios está diciendo que cualquier medio elegible para cumplir un cierto fin es aceptable, y que por lo tanto uno puede tomar acciones que en principio resultarían reprobables para lograr algo que es planteado como un fin deseable.
Esto implica una visión de la conducta humana entendida como teleológica, esto es, como algo que se desarrolla persiguiendo una finalidad.
Los que no aman esta postura objetan que una acción reprobable no dejará de serlo por la santificación del fin elegido. Ellos ven a la conducta humana como algo que se desarrolla a partir del cumplimiento de ciertas normas, con cierto cumplimiento del bien.
Digo que ambos se equivocan.
La naturaleza no es teleológica. El mundo no marcha hacia un final planeado, las aves no tienen alas para volar, sino que vuelan porque tienen alas. No hay un designio, ni un plan, ni una enseñanza subyacente en todo.
Pero eso no significa que nosotros no podamos legítimamente tener nuestros designios, nuestros planes y que hagamos nuestros aprendizajes.
Así que en un mundo que carece de sentido, finalidad y significado, nosotros vivimos en función de crear sentidos, fines y significados. Ese crear modelos explicativos es buena parte de ser humano.
Así que no podemos escapar a que muchas de las acciones humanas persiguen una teleología, pero no debemos olvidar que toda teleología es contingente -o sea no hay una ley natural que determine que necesariamente ha de ser así. Así que cuando pretendemos justificar teleológicamente las acciones, estamos elevando lo que puede o no ser -nuestra finalidad- al impropio rango de criterio regidor según el que todo se mide.
Pero por la misma razón, que no hay un sentido en las cosas en sí, toda determinación de lo bueno y lo malo será también contingente. Nosotros creemos que realizar un sacrificio humano en un rito es algo malo. Pero han habido pueblos, y algunos de ellos están en la génesis de nuestra cultura, que los practicaron, creyendo eran algo bueno. ¿Podemos establecer nuestro bien sobre el de ellos? ¿No hacerlo no nos conduce a un relativismo inaceptable y de terribles consecuencias?
Pues bien… no podemos establecer nuestro bien sobre el de ellos. Pero tampoco deseamos un relativismo inmovilizante. O que contribuya a una sociedad que no será un lugar para todos, sino un lugar para que cada uno abuse de los demás según su parecer, cuando le parezca.
Entonces yo entiendo que lo correcto se basa en entender las acciones humanas a partir de una comprensión de que las mismas son decididas según modelos ideológicos, más o menos comunes a grupos humanos. Esto es, nadie tiene una comprensión absolutamente personal del bien y del mal, pero tampoco nadie tiene una comprensión exacta a la de otros. Y por otro lado, ya que tomo ideología en el sentido marxista de “falsa conciencia”, toda comprensión del bien y del mal tiene como contra cara que naturaliza explicaciones contingentes como si fuesen necesarias.
Es porque para funcionar los grupos humanos necesitan certezas sobre la actuación del otro.
Pero ello nos permite entender que no se trata de un “bien y mal” inmutable, sino que con un conocimiento cierto de su naturaleza, podemos actuar para cambiar las definiciones socialmente aceptadas. Eso sólo puede lograrse en la medida de que no sean personas aisladas, sino grupos los que se hagan un propósito -político- de modificar la forma en que las sociedades funcionan, lo que implica naturalmente su cambio ético.
Ahora bien, una vez que hemos acometido el esfuerzo por transformar la sociedad -y muchos estamos en ese intento-, surge el tema de que las resistencias al cambio son realmente muy fuertes. Puede uno entonces, teniendo un conocimiento cierto, dialéctico, de lo real entender los obstáculos y los caminos -cuando haya más de uno- para llegar al fin propuesto.
Y aquí surge que una vez propuesto un fin, los caminos no son indiferentes a él.
Porque el fin está imbuido para su justificación de ciertas cualidades que se le asignan. Entonces no serán aceptables para su cumplimiento medios que pongan luego en riesgo a la finalidad planteada.
Si hacemos y pedimos a los otros esfuerzos para cambiar, no podemos olvidar que ese esfuerzo está siendo “seducido” por la finalidad planteada. No por los medios que se utilizan. (Y en el caso de que nuestros medios fuesen los seductores, estamos engañando con respecto a nuestros fines. Tal y cómo entiendo una sociedad mejor, jamás puede lograrse si la mentira es la norma, y las adhesiones en base a ella por lo tanto no conducirán a destino)
Así que una vez planteado una finalidad aceptable y deseada, si pedimos para su cumplimiento acciones que no son compatibles con la misma, lo que hacemos es estimular conductas que luego de continuarse harán que la finalidad no se de en su plenitud e incluso que fracase.
Por eso los fines determinan los medios. Porque sólo podemos elegir aquellos medios que luego permitirán sostener los fines que se plantearon, y no importa si los medios nos agradan o no, no habrán otros que sirvan en la tarea.
Lo político por encima de lo ético, o dicho de otro modo, la finalidad colectiva que incluye y es determinada por una cierta forma de entender el poder (tema que algún día habrá que desarrollar), es la base no relativa sobre la que se fija cuáles conductas serán buenas o no.

La muerte en este jardín

Ante los horribles hechos de estos días mucha gente dice ¿Cuándo llegamos a ser así?

Y bueno…

… tal vez en el siglo XVII y XVIII cuando los que venían de Europa robaban saqueaban y violaban a las aborígenes y se apropiaban de las mujeres matando a los hombres.
… tal vez en el siglo XVIII y XIX cuando la pequeña ciudad amurallada crecía gracias a ser un puerto NEGRERO. Esto es, la “Fiel y Reconquistadora” no sólo vendía cuero, sino que era el punto para la compra y venta de personas, a las que se podía golpear salvajemente y abusar de ellas. Total, son negros. Ah… además violando a las negras les haces un favor. Si nace una mestiza y la violan los blanco y nace otra y otra… a la cuarta generación de mezcla la que nace es cuarterona, y queda libre. Y entonces… siguen otros abusos.
… tal vez en el siglo XIX cuando la gente celebraba que un muchacho de 14 años se suicidara, porque andaba en malos pasos, con la bebida y la timba (está bien documentado)
… tal vez en el siglo XIX cuando el Goyo Jeta (existe una calle con su nombre, Gregorio Suárez) hacía pasar a los prisioneros y sus tropas por encima de los cadáveres de sus enemigos.
… tal vez en el siglo XIX cuando inventaron el “antepasado” de la UTU para que sirviera para “enderezar” a los gurises descarriados. O sea… más que educación, trabajos forzados.
… tal vez en el siglo XX cuando grandes escritores -cuya obra admiro- pusieron más de un personaje pedófilo en posición de ser admirado.
… tal vez en el siglo XX cuando las golpizas a los jóvenes eran bien vistas para que se “respetasen” a los mayores.
… tal vez en el siglo XX cuando la gente se “disciplinó”, lo que implicaba menos gurisas violadas abiertamente, pero más profesores, curas, vecinos, tíos, padres, y algunas mujeres también, abusando sexualmente de niños y niñas… pero de eso no se hablaba, porque era una desgracia. Amén de que a los gurises que lo decían ni les creían ¡Cómo va a ser que Fulano haga tal cosa, que es una persona tan correcta!
… tal vez en el siglo XX cuando el Consejo del Niño -igual que al actual INAU- eran lugares de constante violación de los Derechos Humanos de los gurises internados, sean los del puñado de delincuentes, como el resto. En una institución corrupta dirigida por corruptos. Hasta el día de hoy.
… tal vez en el siglo XX cuando en Treinta y Tres adolescentes de ambos sexos fueron brutalmente torturados durante la dictadura. La misma que a muchos otres adolescentes en varios lugares del país torturó y violó. Y combinada con otros países robó niños y les asignó otra identidad.
… tal vez en el siglo XX cuando una reformulación urbana -hecha con la mejor intención- creó la realidad de los “meninos da rua” locales -que antes no existían- en un momento en el que los gobiernos de los partidos tradicionales no eligieron atender esa realidad.
… tal vez en el siglo XX y XXI cuando una y otra y otra vez la población y sus representantes eligieron NO ANULAR la infame ley de Caducidad, por la cuál los asesinatos y robos, la tortura y la violación, han sido perdonados una y otra vez a los que actuaban desde la impunidad del poder.

Por favor, no se crean más que somos una sociedad tolerante.

Somos una sociedad que AMA el castigo y la violencia. Siempre que la ejerza quién está en el poder. Siempre que la ejerza para imponer el “orden”… que simplemente significa para la mayoría que me dejen disfrutar de las migajas que tengo mientras joden al de al lado.
Somos una sociedad construída sobre la sangre y el sufrimiento de los más débiles por gente que o no le importaba, o miraba para el costado.

… y finalmente… tal vez sea cuando grupos políticos del Frente Amplio NO ENSOBRARON la anulación de la Ley de Caducidad, o cuando viejos delirantes salieron a hablar de “perdonar” Viejitos.

¿Qué estoy trayendo agua para mi molino y politizando?

Por supuesto.

Este tema es POLÍTICO.

LA VIDA ES POLÍTICA.

 

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Nota.

(Si usted visita desde otro país y no sabe por dónde viene el tema, en los últimos días hubieron dos horribles homicidios tras violación de niñas)

Acerca de la Revolución

¿Qué es una revolución?

cuba_monument_held_bronze_statue_statue_equestrian_figure_hero_santjago_de_cuba-729738.jpg!dLa mejor definición que conozco dice que es un proceso de cambio que afecta a una sociedad en la que ya no son operativos los mecanismos de la misma que regulan los cambios, y que se da cómo resultado de la lucha entre clases sociales antagónicas.

Muchos creemos que el camino hacia una revolución pasa por la acción política dentro de las instituciones que posee la institucionalidad política burguesa, esto es, dentro de los mecanismos de la democracia liberal. Ahora bien, la misma supone mecanismos institucionales para que el cambio se realice. Cosas como los mecanismos de refrma constitucional. Muchos también nos preguntamos hasta dónde será posible transitar este camino.

En cualquier caso, entiendo que transitar el camino de la acción política institucional es el deber ser de la actividad política de alguien que quiere un cambio en una democracia liberal en la que existe voto universal y garantías básicas. ¿Porqué? Porque tal forma de accionar es la que se corresponde con la posibilidad de extender la lucha a las masas populares y no restringirlas a grupúsculos que se creen iluminados y que pretenden una toma del poder a efectos de luego desde la cúspide hacernos a todos participes de la verdad a ellos revelada.

La verdad no es una construcción. No es algo que se hace de pedazos. La verdad es una producción. Es algo que se hace transformando lo que es.

Así pues, el trabajo político que conduce a un crecimiento de las posturas políticas revolucionarias es el único camino que lleva a una masificación tal que la revolución pueda ocurrir como un evento en el que las masas populares vertebradas en los político y social en sus organizaciones propias, puedan finalmente apropiarse del curso de los acontecimientos.

Pero… ¿qué pasa al acercarnos a tal punto?

Lo que pasa es que las clases dominantes han armado a esta sociedad para que sirva a sus intereses. Sea que se trate de una dictadura fascista o se trate de una democracia liberal, dejando de lado el análisis formal de la organización política, tenemos que existe un análisis conceptual posible. ¿A quién sirve el aparat político en un momento dado, quién se apropia de la riqueza legitimado por el mismo y con su protección? Cuando estamos en una sociedad capitalista, estaremos en una Dictadura de la Burguesía, y si se está viviendo en el socialismo, en una Dictadura del Proletariado.

Nótese de nuevo que no hablo aquí de la formalidad demcrática o dictatorial. Una sociedad democrática formalmente perfecta siempre será o una Dictadura de la Burguesía o una Dictadura del Proletariado. Y lo mismo puede decirse de cualquier dictadura.

Ahora bien, cuando la Dictadura de la Burguesía peligra, entonces la propia burguesía comienza a mover sus piezas para intentar detener los avances populares. Utiliza primero los mecanismos políticos intentando evitar los triunfos populares. Pone en juego desde dentro de la propia institucionalidad su poder para ganar, apoyándose en servicios publicitarios impagables para el campo popular, o diferentes tipos de articulaciones con los medios que surgen de que ellos son los dueños de los medios.

Si todo eso falla, siempre pueden dar un viejo y querido golpe de estado. Cosa que supone una ruptura sólo parcial de las instituciones que regulan el cambio, y por lo tanto no califican como revolución.

Y si ello falta, pueden crear una contrarrevolución con toda la regla. Un movimiento con una base de apoyo social, articulación internacional, una idelogía práctica fasistizante pero una afirmación textual que puede ser cualquier cosa -liberal, religiosa, unificadora, localista, indigenista, etcétera-, y una proyección de la elaboración ideológica del momento que se desdarrllará demonizando al movimiento hacia la revolución.

Esto último es justamente lo que está pasando en Venezuela.

Cuando un proceso de avanza hacia el socialismo se ve confrontado a una instancia en la que se desarrolla en su contra un movimiento contrarrevolucionario en toda la línea, pues entonces es el momento de apretar el acelerador. En la actual situación Venezolana sin duda deben profundizarse las acciones revolucionarias, para dentro de la Democracia formal, que nunca se ha abandonado, llegar de una buena vez a la Dictadura del Proletariado.

Y el dolor de ya no ser

Museo_del_Prado_-_Goya_-_Caprichos_-_No._43_-_El_sueño_de_la_razon_produce_monstruosEn distintas conversaciones informales, tanto en persona como por Facebook, he sostenido reiteradamente que los reclamos referentes a la corrupción y las apelaciones a la indignación política son propios de posiciones políticas fascistas. Por un lado porque la apelación a la indignación implica una intención de edificar la política en el territorio de la emoción, desplazando a la razón a un lugar nefasto. “El sueño de la razón produce monstruos”, reza el grabado de Goya. Eso lo tomo en el sentido de que cuando la razón descansa, los monstruos aparecen.

Si bien la exacerbación última de la razón, eliminando el lugar de las emociones y suprimiendo la consideración de todo lo irracional en nosotros es un camino que transita hacia los peores abismos, la sustitución de la razón por la emoción no es menos dañina. El proyecto ilustrado suponía esa hegemonía de lo racional. El proyecto romántico suponía esa hegemonía de los monstruos. La razón conduce a la relativización que conduce a la justificación de cualquier atrocidad. Y la irracionalidad pura realiza la atrocidad por el mero placer de la misma. La razón condujo en la historia los trenes a Austchwitz, y la irracionalidad puso en funcionamiento la cámara de gas.

La búsqueda y el hallazgo de una síntesis no está dada por algún mágico punto medio, sino por la comprensión de que la irracionalidad debe ser el combustible en el que nos nutrimos, pero que la razón es necesariamente el timonel que obediente rige la barca. Lo contrario a la secuencia Ilustración a Romanticismo -que lleva al fascismo-, es la secuencia Romanticismo a Crítica -que conducirá al socialismo.

Así pues, la apelación constante a la indginación en política, y a la acción a partir de tal movimiento de lo emocional no conduce de modo ninguno a un momento más positivo.

Igualmente, la transformación de la corrupción en argumento político sólo puede entenderse como una práctica fascistizante. Recuérdese cómo en el 73 los comunicados inaugurales del “Proceso” reclamaban para sí la condición de probos y buscaban desterrar la “corrupción”. Cosa que compartían según recuerdo con algún material del MLN-T que incurría en el mismo disparate. El de la sustitución de la política por la ética. También en tiempos recientes, el hace algunos años fallecido Helios Sarthou dijo en algún momento -según me fué comentado por gente que integraba su grupo político- que la política debía provenir de la ética.

Esto es un disparate a todas luces.

La ética es una parte de la filosofía. La ética es el estudio de cuál conducta debemos tener para tener una buena vida. La política es un práctica social, la que tiene que ver con el manejo del poder en el interior de una sociedad. Toda la filosofía no es sino una disciplina que lo que principalmente hace es producir conocimientos suceptibles de su utilización en política -en el mismo sentido en que la ciencia produce principalmente conocimiento suceptible de ser económicamente utilizable. O dicho de otro modo, siendo la ética una parte de la filosofía, y la filosofía una disciplina al servicio de la política, mal podría ser la rectora de la misma.

La politica es una actividad. En la misma realizamos acciones. Estas estarán según el caso signadas por buscar el beneficio de las grandes masas o el de pequeños grupos. A partir de lo que hacemos en política se hace obvia la necesidad de dotarnos de una explicación para actuar mejor. De allí la reflexión filosófica.

La política parte de nuestra necesidad irracional, que en cierto momento se articula en discursos racionales. Y luego en armonía con el discurso propuesto se produce una explicación ética que conduzca a que si todos obrásemos de ese modo el mundo fuese un lugar mejor para todos.

En tal sentido la política es necesariamente la fuente de la ética, y no su consecuencia.

Los detractores de esta afirmación suelen decir que ello conduce a algún tipo de “el fin justifica los medios”. Nada de eso. Lo que estamos diciendo es que las normas de conducta en un presente -tiempo de los medios- debe ser tal que sólo pueda producir el fin buscado. Algo así como “los medios se justifican en su armonía con el fin”. Que es muy diferente.

Así, buscando una politica basada en la indignación (emoción) y en la denuncia de la corrupción (medios) lo que hacen es privarnos de la auténtica búsqueda política: la de un accionar basado en la razón y en la persecución de los fines últimos de una sociedad mejor. Esa es la trampa de los fascismos.

Ahora bien, al decir esto alguno puede estar pensando que lo que intento es tapar el sol con un dedo y producir un discurso que exculpe a algún que otro impresentable, y hoy, en los últimos días de julio del año 17 del siglo XXI, pensarán que el beneficiario de mis palabras es Raúl Sendic.

Nada de eso.

Lo que digo es que no se puede centrar la política en la discusión ética y en la acción irracional.

Todo ciudadano que comete un ilícito debe ser perseguido por la Justicia de forma eficaz, juzgado y castigado. Ello no debiera convertirse de ningún modo en algo políticamente dudable, jamás debiera tampoco ser escudado por consideración política alguna.

Así pues, si el vicepresidente realizó algo ilegal, deberá la Justicia condenarlo.

E igualmente -y en forma más expeditiva- el tribunal de ética del Frente Amplio debe expresarse, sin medir estúpidas consideraciones que no son políticas, sino de una politiquería alarmante.

Un mejor Frente Amplio, es aquél en el que los que han realizado actos inmorales son expuestos y expulsados.

Una mejor Central sindical, es aquella en la que no se tienen vicepresidentes que dirigen en base a la presión y a prácticas constantemente dudosas en una institución tan turbia y violadora de los Derechos Humanos como es el Inau.

Un mejor Partido Revolucionario, es aquél en el que ni siquiera llegan de suplentes al Comité Central personas cuyo manejo de los fondos públicos no es sino transparente.

Dicho lo cuál, también se implica que un Secretario General de un Partido Revolucionario no debería salir a defender cosas indefendibles.