¿Unidad, anti imperialismo u obediencia debida?

El día martes 13 de noviembre pudimos leer en varios órganos de prensa -los enlaces se hallan al pie de este artículo- la información sobre la autorización para que tropas de EUA actúen en suelo uruguayo con ocasión de la realización de una reunión del G20 en Buenos Aires. No voy a abundar en la inconveniencia de autorizar una presencia de tropas extranjeras por un acontecimiento que ocurrirá fuera de nuestras fronteras, ni tampoco en marcar el prontuario que hace de EUA y de su actual gobierno especialmente, una visita indeseable.
Voy a considerar que en el Senado, el Secretario General del Partido Comunista de Uruguay, Juan Castillo, votase afirmativamente la autorización.
Pero ubiquemos las piezas en sus justos lugares del tablero.
Ante la solicitud del Poder Ejecutivo de esta autorización, -solicitud que algunos incluyendo al presidente Vázquez dicen que es ineludible, y otros como un legislador del MPP dicen algo así como que si llegase a ocurrir alguna desgracia en la cumbre en Buenos Aires tomarían represalias contra nosotros, y que por eso hay que aprobarla- se procedió al trámite parlamentario. Cómo parte del mismo, la bancada del Frente Amplio votó que el tema era un asunto político, y que por lo tanto todos los legisladores estaban obligados a votarlo.
Tras este acontecimiento, en la sesión del Senado, la senadora Moreira y el senador Castillo manifestaron claramente su oposición a la asistencia al ejército de EUA y su rechazo al G20. Sin embargo, acatando la disciplina partidaria ambos votaron afirmativamente el proyecto.
Pues bien, lo primero que debe considerar es, ¿es este proyecto algo que merezca ser tratado de ese modo? ¿Realmente es un asunto político tal que no se puede aceptar divergencia alguna?
Comparemos esta autorización con la discusión que en su momento tuvo la ley de Aborto, durante la primer presidencia de Vázquez. En aquél momento no hubo empacho en permitir que algunos legisladores votasen en contra, e incluso en aceptar que el presidente la vetase luego. ¿Es realmente más importante la entrada de tropas para el G20 que establecer que la decisión sobre la continuidad o no de un embarazo debe asignarse a la gestante?
No lo creo.
La ley de aborto ha tenido grandes consecuencias, desde su aprobación durante la presidencia de Mujica, en el sentido de otorgar el derecho de decisión a las mujeres -incluso con las tutelas y limitaciones de la ley- y ha ayudado a que la mortalidad por abortos clandestinos sea un recuerdo del pasado.
Y en esta ley, crucial por su establecimiento de los Derechos Humanos de las gestantes, crucial por su incidencia en la Salud Pública y crucial por ser un reclamo de muchas organizaciones populares durante décadas, se aprobó sin que se forzase a ningún legislador frenteamplista a votar contra su conciencia.
Ahora, lo que se hace es forzar tal voto… para autorizar que 400 efectivos de EUA estén en Uruguay. Y tengamos en claro que lo más probable es que en la cumbre no ocurrirá nada alarmante, a nivel de seguridad para sus asistentes. Lo alarmante posiblemente sean sus decisiones contrarias a los intereses concretos de los pueblos del mundo.
Así que para una autorización a un contingente que no es relevante, para una reunión nefasta… ahí sí. Ahí se fuerza a los legisladores a votar contra sus convicciones.
Porque no dudo ni por un momento de Moreira y Castillo se sintieron muy dolidos de actuar en contra de su entendimiento y sensibilidad.
Ahora bien, en el caso de Juan Castillo, ¿debía él aceptar tal imposición?
Juan Castillo no sólo en un senador, es Secretario General del Partido Comunista de Uruguay, una organización marxista leninista, digamoslo claramente por si alguien no estaba atento o informado. Cómo tal es su deber militante manifestar su oposición y hacer su máximo esfuerzo para que tal oposición se concrete en hechos.
Por lo tanto no parece aceptable que aceptase votar la aceptación de las tropas por causa del G20. Cómo dijimos, tal autorización es de menor enjundia que otros temas en los que hubo libertad en la bancada. Por lo tanto no es de recibo la imposición de presidencia y del MPP de que se aprobase por todos los legisladores. Castillo debió de protestar airadamente tal imposición y votar en contra.
Pero tratemos de entender las causas por las que aceptó la imposición de una peculiar “obediencia debida”. Para los comunistas la unidad frenteamplista es una clave estratégica central en el proceso de profundización democrática. ¿La divergencia en este punto hubiese podido atentar contra dicha unidad? Sin lugar a dudas la respuesta es un rotundo NO.
Puede conjeturarse que en un entorno regional adverso para las fuerzas progresistas, populares y de izquierda, alguien pudiese pensar que era necesario mostrar un bloque monolítico. ¿Resulta tal suposición acertada? Tampoco. Las acciones de las derechas regionales han tenido más que nada un proceder que apunta a la judicalización de la política, con denuncias fundadas e infundadas al respecto de sucesos de real o imaginada corrupción. La cura contra ello no es un bloque monolítico, sino el expulsar prontamente a los corruptos del propio seno de nuestra coalición-movimiento.
Así que Castillo bien podía haber cumplido con el mandato auténtico, de imprescindible coherencia, cómo era votar en contra del permiso de entrada. ¿Qué es lo peor que hubiera ocurrido? Que la ley se habría aprobado igual y que a él lo sancionaría el Tribunal de Conducta interno del Frente Amplio.
Pero si por alguna razón no se quería llegar a tal instancia, podía retirarse de sala -cómo en algún momento supo hacer su predecesor Eduardo Lorier- o incluso dejar el lugar a su suplente para evitar la ignominia de que sea el Secretario General quién votó tal autorización.
Una vez más, Castillo muestra que la investidura política en la que se encuentra le queda muy grande, y que no tiene la capacidad para llevar adelante el rol histórico que la hora demanda.


Enlaces a notas de prensa

 

El transporte del futuro

En días pasados se publicó en la prensa* una entrevista al presidente de la empresa privada de transporte CUTCSA en la cuál entre otras cosas se plantea que la venta de boletos de ómnibus ha descendido. Sin embargo no se trata, como en el año 2002, de un descenso en las ventas por una crisis económica que impulsa a la gente a no viajar o a hacerlo a pié o en bicicleta. Salgado habla de “nuevos hábitos”.
Lo que él sostiene es que habiendo dos causas principales por las cuáles las personas toman ómnibus, ir a trabajar o ir a estudiar, las nuevas realidades laborales, con teletrabajo incluido, y las nuevas formas de estudio que incluyen clases a distancia habrían hecho bajar las ventas. Ambos fenómenos que habrán de sostenerse en el tiempo.
Ignoro si existen cifras bien calculadas que nos digan cuántos uruguayos teletrabajan y cuántos teleestudian. Pero por todo lo que he podido conversar en ninguno de ambos casos se trata de una cifra tan grande como para causar una conmoción en la venta de boletos.
Sin embargo coincido en que existe un fenómeno reciente que cambia las estructuras del transporte, y que no parece que en el corto y mediano plazo vaya a cambiar. La posesión de automóviles particulares, y también de motocicletas, ha crecido notoriamente, implicando que un sector de la población abandone el ómnibus.
Nótese que aquellos que compran un auto, o un segundo auto, no sólo son gente que hará un par de viajes diarios menos. Se trata de las personas con un mayor poder adquisitivo, por lo que antes solían hacer muchas veces varios viajes por día, o viajes por distancias que un trabajador menos opulento pensaría dos veces antes de hacer pagando un boleto.
Por todo ello no puedo sino concluir que es cierto que hay cambios que acorralan la economía de las empresas de ómnibus. Pero llama la atención que no se apunte al problema real. Y el problema real es la posesión innecesaria de autos privados.
Hay gente que necesita indudablemente un auto. Hay personas que los necesitan por su trabajo, como médicos, vendedores, o técnicos de reparaciones. Pero la inmensa mayoría de la gente compra un auto no por una necesidad patente, sino por un ansia de goce hedonista, exhibicionismo y demarcación de una cierta posición social. Porque en nuestra sociedad un auto aún es un demarcador de estatus, aunque ha cambiado y ahora la sutileza de marcas y antigüedades también pesa.
En el caso de las motos no se trata tanto de una exhibición, sino de una forma de ahorro -de tiempo y dinero con respecto al gasto en ómnibus- así cómo una forma de potenciar opciones laborales y otro tipo de estatus en lo que refiere a la población juvenil.
En ambos casos, la necesidad concreta de transporte puede resolverse sea en la forma del transporte altamente privado -motos y autos- o en la del transporte colectivo, que en Uruguay es tristemente privado.
Por eso, y considerando que el transporte colectivo resulta siempre más conveniente -mayor racionalidad en el gasto de combustible fósil, menor desgaste de las vías de circulación, menor cantidad de accidentes por mayor profesionalidad de los conductores, etcétera- no puedo sino concluir que una medida inteligente sería restringir el acceso a los autos y motos privados.
La medida, sin embargo, no creo que vaya a ser tomada. Quién la implementase chocaría con muchos intereses creados, de automotoras, de talleristas, de los sacrosantos importadores (de autos o de piezas). Reduciría los ingresos por patente de rodados de las intendencias y de las empresas aseguradoras.
Por todo esto el presidente de CUTCSA no se animó a declarar la auténtica causa de la baja en la venta de boletos. Baja que continuará unida a un proceso que determina mayores costos en el mantenimiento de las calles, mayores costos de atención de salud por accidentes, mayores costos financieros y endeudamiento popular, mayor contaminación -reconozco que ésta podría próximamente reducirse mucho con los vehículos eléctricos que tímidamente asoman- y la reafirmación de una estructura de clases que premia la desigualdad.
Sin embargo, los que somos partícipes del esfuerzo por una sociedad y un mundo mejor, deberíamos reclamar la absoluta limitación en el acceso a los autos y motos, con regulación incluso sobre un permiso limitado de circulación, y un registro general de todo vehículo, responsabilizando al propietario de su no cambiarlo en plazos innecesarios. Ello podría permitir un mejor funcionamiento del transporte colectivo.
Claro que también en éste habría que buscar cambios. Que las empresas de transporte se fusionen en una única empresa monopólica por ciudad, que dicha empresa sea estatal -desde una articulación nacional o departamental según el caso-, que exista un contralor de la calidad del servicio y no sólo de las frecuencias y seguridad de las unidades, y gradual pero firmemente sustituir todas las unidades a combustible fósil por otras eléctricas, y aún posteriormente eliminar los conductores llegando a unidades de conducción automatizada.
Claro, eso implica pensar a 20 o 40 años.
Pero pensar de otro modo sólo conduce al abismo. Que es lo que el capitalismo siempre hace.

* https://www.republica.com.uy/salgado-se-ha-tocado-piso-en-la-venta-de-boletos-pero-cutcsa-tiene-esperanzas-en-lo-que-hace-id683404/

Acerca de algunas injusticias

Si no recuerdo mal fue el el otoño de 2005, a poco de comenzado el primer gobierno
frenteamplista, que estalló la prensa derechista vociferando el horrible abuso cometido por Nicolini.
Nicolini había sido electo primero diputado años atrás, por la 2121, y no habiendo entendido
bien cómo se cursaba una denuncia parlamentaria, lo dejaron colgado del pincel haciendo un
papelón. Años después reapareció en el MPP.
Y tuvo la desgracia de tener un contratiempo de salud. Pero como Nicolini era consecuente en
sus convicciones al respecto de la salud… se atendía en Salud Pública. Mientras estaba internado, el
personal del Pasteur le preguntó a su hijo, un adulto jóven, los datos de su padre y por dónde se
atendía, y éste dijo que se atendía en ASSE. Pero… no dijo que era diputado.
Yo no conozco al hijo de Nicolini, pero gente de mi confianza lo conoce y me dijeron que
seguramente en la aprensión del momento, no se dió cuenta de lo que hacía.
Lo cierto es que antes de que Nicolini padre fuera dado de alta, ya habían grandes titulares,
reclamando corrupción, y todos los males del universo. Nicolini fue separado de su banca por el
MPP hasta que se aclarase el asunto, cosa que ocurrió en los últimos años de ese primer gobierno,
resultando en su inocencia.
En aquél entonces el Frente Actuó BIEN.
Y actuó bien, siendo dolorosamente injusto con un hombre enfermo, y con su hijo sobrepasado
por las circunstancias.
Pero sucede que aunque le pese a los fanáticos del capitán Kirk, los seguidores de Spock
tenemos la certeza de que “el bien de muchos está por encima del bien de pocos”.
Cuando se es parte de una fuerza política en la que está la izquierda, no basta ser honesto. Ni
con parecerlo.
Hay que demostrarlo más de una vez.
Mucha agua corrió luego, y Fernando Lorenzo tuvo que soportar el castigo que debió haber
sido de otro. Y también lo que hizo Lorenzo estuvo bien.
Pero llegó Raulito… y ahí la actual vicepresidenta perjuró haber visto el papelito. Y le dieron
largas y largas al asunto. ¿Todo para qué?
¿Me van a decir que Mujica y Vázquez no sabían que Sendic es nulo políticamente? ¿Tan
chochos estaban ya como para no comprender que emperrándose en crear un sucesor imaginario no
observaban que habían mucho mejores candidatos en más de un lugar del Frente? ¿El miedo a lo
que pasaba en Argentina y Brasil los dominó?
Sea lo que sea, no se puede hacer política con miedo. O como dicen en cualquier barrio, no se
hace política cuidándose el culo.
Ni tampoco se puede hacer política del más alto nivel cuando uno ya no está totalmente lúcido.
Tal vez se pueda tener un puesto de asesor, y sin duda puestos honoríficos. Pero no ser presidente.
Ni vice.
Ni tampoco se puede admitir que el ex presidente y el actual ignorasen que la 711 fue creada,
entre otras cosas, mediante presionar a gente para que militara… ya que de lo contrario no iba a
hacer carrera, porque Raulito los sacaba de dónde estaban.
Cosa que es de auténtico hijo de mala entraña. Y personas de mi confianza me contaron que
directamente les pasó.
Así que, ahora, lo único que se puede hacer es RECLAMAR que el señor Sendic se dedique a
estudiar Medicina, vender tortafritas, trabajar la tierra, o incluso tirarse a mirar, como el Cocochito
de la canción, ver el pasto crecer.
Pero que de ningún modo se le admita nuevamente como candidato.

Y que de aquí en más, a la mínima sospecha fundada -no culpabilidad- los jerarcas
frenteamplistas pongan su cargo, banca o lo que sea a entera disposición, y den un paso al costado.
Porque si no es así, a Nicolini le estamos haciendo ahora una injusticia aún mucho mayor que
aquellas que antes le ocurrieron.

El final de una etapa o la etapa de un final

En el 2002 la economía del Uruguay fue destruida. Después de eso, el gobierno aplicó recetas restrictivas que mantuvieron el ojo en los números fiscales, dejando librada a la gente a su suerte. Tal cosa es lo que pretende la teoría liberal y la teoría neo liberal del Estado.
Luego ganó el Frente Amplio.
Y comenzó a intervenir -tímidamente- en lo económico. E inyectó dinero en las familias. Y favoreció proyectos de inversión -el gobierno anterior sólo había logrado la reapertura del hipódromo de Maroñas y la instalación de muchas salas de timba. Y el Uruguay, en una coyuntura favorable, remontó.
Es claro que después de la destrucción, era necesaria una etapa neo desarrollista. El desarrollismo es la suposición de que los males de un país se deben a su “subdesarrollo”, como si el mismo fuese una tara local, que nos sostiene en la infantilidad, y nos impide gozar de los bienes del mundo “desarrollado”. La metáfora con el crecimiento humano es muy sugerente y efectivamente seduce.
Pero lo cierto es que no existe tal cosa como países desarrollados y subdesarrollados. Lo que existe son países subdesarrolladores.
Países que se encargan de que otros sean sólo productores de materias primas, países que hacen que otros sean perennemente tributarios de su ciencia y tecnología, países que hacen que otros menosprecien su cultura y valoren sólo la ajena.
Y no lo hacen porque sean malvados: lo hacen porque así obtienen mayor ganancia.
Pero lo cierto es que cuando uno tiene la economía destruida, incluso acceder a ese estatus de “desarrollar el subdesarrollo” es importante. Así fue muy importante la construcción de las pasteras, y de la infraestructura del puerto para contenedores, y hubiera sido magnífico que se instalara la minera Aratirí -estropeando el 0,5% de la superficie del Uruguay-, y hasta que hallaran petróleo. Todas actividades que tienen que ver con ocupar el modesto lugar de país subdesarrollado del que se dice está en “vías de desarrollo”. Que viene a ser como un niño que hace los deberes.
¿Porqué es eso importante?
Porque lograr esa inserción en el mercado mundial en situación de dependencia generó los dineros para poder atender la emergencia social reduciendo la indigencia. Porque permitió mejorar la salud pública. Permitió tímidamente mejorar la enseñanza. Permitió mejorar los sueldos de los trabajadores públicos, que pasaron de una indigna miseria a cifras bajas pero que permiten vivir. Permitió los fondos concursables en cultura. Mejorar la UdelaR. Completar el SODRE. Etcétera.
Era totalmente necesaria una década de tal talante.
Estos últimos años del tercer gobierno, por el contrario, son innecesarios.
Este Poder Ejecutivo, traicionando la historia del Frente Amplio y las concepciones auténticamente populares, se ha abocado a sanear los números -cosa que se debe a desprolijidades en el manejo del gobierno durante la presidencia de Mujica- y en lugar de hacerlo mientras al mismo tiempo comienza a profundizar las relaciones democráticas a lo largo y ancho de la sociedad, mientras comienza a brindar más poder a los trabajadores, grupos locales y grupos de interés… no. Lo que hizo fue ordenar los números poniendo un énfasis en los aspectos fiscales. ¡Caramba justo como los gobiernos neoliberales!
Y eso es así porque la ideología dominante nos ha penetrado hasta el corazón mismo del Frente Amplio.
Algunos creen que estar mejor es disponer de más bienes, de más viajes, de más dinero para salir. Discrepo. Estar mejor es hacerse con el poder de decidir por sí, incluso cuando se dispusiera de iguales o menos bienes, incluso con iguales o menos viajes, incluso con igual o menos dinero para salir. Lo importante es hacerse cargo del curso de la propia vida, entendiendo que esta es algo más que comprar y comprar.
Era previsible que al lograrse una reiterada supremacía electoral del Frente Amplio lo que ocurriría es que las clases dominantes lo infiltrarían. Y fíjense que bien que lo logran: el ex vicepresidente y actual canciller está casado con la séptima persona más rica de este país. El presidente es un empresario médico. El ex ministro (reciente) de Ganadería y Agricultura es un gran productor arrocero. El ex prosecretario y subsecretario del interior -hermano del presidente- es empresario en seguridad. Etcétera.
Todos prendidos a las formas de entender y obtener ganancias dentro del capitalismo. ¡Es el sueño de aquél reportaje de Mujica que reclamaba un capitalismo bueno!
Pues bien, no hay capitalismo bueno.
El capitalismo siempre es sufrimiento y destrucción. La unidad de medida del capitalismo no es nuestro país. Supone siempre -en este estadio de su desarrollo- un sistema en el que un país central (que es el centro de un sistema imperialista) está rodeado por varios países periféricos, en algunos de los cuáles puede haber algo de “orden y progreso”, y en otros de los cuáles hay constantes guerras fratricidas. Todos integramos una unidad en ese sistema.
Una vez cumplida la etapa neo desarrollista, hay que moverse hacia adelante. Hay que girar a la izquierda. Hay que avanzar a una etapa democrática avanzada.
Para eso hay que pensar bien en qué candidato presidencial queremos.
Yo digo que el FA no debe tener un candidato empresario. Ni debe tener un candidato tecnócrata.
El candidato debe ser un trabajador.
Y la línea debe centrarse en la transformación política del Uruguay en un estado en el que se comience por dejar atrás la funesta constitución del 67, creada por los partidos tradicionales.

¿Aprenderemos alguna vez?

Hace pocas semanas trascendió el caso de un estudiante escolar que habiendo sido reprobado por sus docentes, fue luego aprobado por el juez. Esto ocurrió porque los padres del infante recurrieron la desición docente ante la justicia, basándose no tengo idea en qué aspecto legal. Tampoco va a la raíz de lo que aquí intento plantear, así que no me preocupé por ahondar el tema.
Dejando de lado el aspecto jurídico aparece un primer tema: la agresión contra la educación llega ahora a establecer un poder jurisdiccional sobre la desición técnica del docente. Sin duda es algo grave, y sin duda debe ser reclamado, como ya lo está siendo.
Pero yo quiero observar otra cosa.
Esto ocurre en un colegio privado, el Santa María. Que si no ha cambiado mucho, no es ni de los más caros ni de los más baratos. Pero es en cualquier caso un colegio pago al que acceden jóvenes hijos de padres de capas medias, profesionales, pequeños comerciantes y apenas más. Hace años que no tengo contacto con la institución, por lo que esta información puede estar errada.
Pero en cualquier caso lo siguiente se sostiene.
Este problema nunca habría ocurrido en una escuela pública.
La realidad es que en la escuela pública van los hijos de los trabajadores, los hijos de los lúmpenes, y en raras ocasiones los hijos de profesionales o comerciantes de bajo nivel de ingresos. Esta gente no tiene un dinero de sobra para pagar a un abogado -la justicia es muy cara en Uruguay, y eso debería ser asunto de otra nota-, a fin de que un juez haga o no pasar de año a su hijo.
¿Porqué las capas medias llegan a hacer que un juez apruebe a su hijo, esto es, contratan a un abogado, pagan timbres y sellados judiciales, dejan de atender otras actividades para ir a un juzgado, etcétera?
Lo llegan a hacer porque creen que como pagan todos los meses la educación de su hijo, merecen que su hijo sea aprobado.
La sencilla razón de la cosa, es que la conversión de la educación -que es económicamente un servicio, pero sobre todo es un Derecho Humano y una obligación del Estado- en Mercancía se está completando aceleradamente.
Tal conversión que corresponde al fenómeno llamado Fetichismo de la Mercancía, ha hecho ya que las invenciones sean mercancía, que el arte sea mercancía, que hasta las secuencias genéticas sean mercancía.
Esto no es una aberración que puede ser resuelta dentro del sistema en que nos hallamos.
Esto es la lógica correcta de desarrollo del capitalismo.
Sólo puede ser superada mediante la destrucción del capitalismo. El capitalismo no puede ser atemperado.
Y tal destrucción procede necesariamente de que los trabajadores tomen el control político del Estado, y desde ahí tomen la propiedad de los medios de producción, expropiando a los burgueses locales y a las multinacionales.
Pero parece que nos estamos olvidando de llamar a las cosas por su nombre. Parece que si uno declara qué es lo que ocurre y cómo enfrentarlo hace trizas la unidad. Para nada.
Si queremos la Unidad, y si estamos dispuestos a transar en programas de gobierno reformistas, es sólo para producir una acumulación de fuerzas que permita profundizar la democracia de cara a llegar a superiores realizaciones políticas.
¿La estamos profundizando?
La unidad de medida es el avance o no en el tema de la Reforma Constitucional. Que otra vez, por tercer período, se durmió.
Así que ahora lo que estamos haciendo es siendo los cretinos útiles de los socialdemócratas.
El camino es claro. Ahora hay que ver si quienes tienen responsabilidad de conducción realmente quieren recorrerlo.

Es la última advertencia.

O reprobamos todos.

Doble decálogo más dos

Uno puede usar un código para tener una lista de conductas a seguir -por uno y los demás- y así poder señalar con el dedo a quién no lo cumple, o sentir que uno se halla en una terrible falta que hará que arda en el infierno o se reencarne en un escarabajo bostero. Sin embargo un código también puede ser entendido de otro modo.
Se lo puede tomar como una lista de acciones que si fueran llevadas adelante por todos harían del mundo un mejor lugar. Y eso no implicaría que si se hace otra cosa vaya a recibirse castigo alguno, real o imaginario, sino sólo que nuestra conducta puede mejorar.
Así que sin intención de ser exhaustivo, aquí va una lista de comportamientos valiosos. Como se verá, implica vivir de un modo muy otro que el que las clases dominantes preconizan.

  1. No tendré cosas que no necesito.
  2. Siempre que sea posible no compraré cosas.
  3. Cuando adquiera una cosa no pensaré en marcas ni en modas, sino en los componentes de lo que adquiero, su uso, y su reusabilidad.
  4. Reutilizaré hasta el último límite lo que tengo.
  5. Siempre que sea posible tomaré lo que hay en la basura de otros y lo recuperaré para el uso que sea adecuado.
  6. Cuando deba deshacerme de algo me preocuparé porque el no contamine, o lo haga lo menos posible, y que no lastime a nadie.
  7. Comeré alimentos frescos en la medida de mis posibilidades.
  8. No utilizaré ingenios para calefaccionar o refrigerar, excepto en caso de extrema necesidad.
  9. Siempre que pueda caminaré o me moveré en bicicleta.
  10. No tendré vehículos de transporte privados, salvo necesidad laboral, de salud o por vivir en zonas muy aisladas.
  11. En caso de tener vehiculos privados preferiré los eléctricos a los que queman combustible fósil.
  12. Usaré el transporte público.
  13. No tomaré prisas, armaré mi día de forma que no corra y no haga correr a los demás. Lo que no se haga hoy, se hará otro día.
  14. Trabajaré justo lo necesario para tener lo que necesito. El tiempo que gano lo utilizaré en actividades que sean beneficiosas directa o indirectamente para la comunidad.
  15. Siempre que necestite cosas tales cómo ropa, muebles, electrodomésticos, intentaré primero conseguirlos de segunda mano.
  16. No aceptaré trabajos que no hubiera realizado de buen gusto si tuviera que hacerlos gratis.
  17. Siempre presumiré que los demás actúan de buena fe hasta que se demuestre lo contrario. E incluso cuando sepa que no tienen buena fe el tono de mis palabras seguirá siendo el mismo, aun cuando deba decir el más contundente de los no, o expulsar a los mercaderes del templo.
  18. Nunca poseeré persona alguna. Ni en forma legal, ni mediante chantaje emocional.
  19. No contraeré matrimonio, ni participaré en instituciones que subordinan a las personas a los bienes.
  20. Siempre que me relacione con otras personas seré claro en mis intenciones.
  21. La comodidad no será nunca un criterio relevante
  22. La vida no tiene sentido, finalidad, ni significado. Eso nos libera y nos permite inventarle uno. Somos los dioses.

El fin determina los medios

Varias veces me han leído decir que el fin no justifica los medios, sino que el fin determina los medios. Y suele ocurrir que la gente se enoja, tal vez no entendiendo bien a qué voy.
Cuando alguien dice que el fin justifica los medios está diciendo que cualquier medio elegible para cumplir un cierto fin es aceptable, y que por lo tanto uno puede tomar acciones que en principio resultarían reprobables para lograr algo que es planteado como un fin deseable.
Esto implica una visión de la conducta humana entendida como teleológica, esto es, como algo que se desarrolla persiguiendo una finalidad.
Los que no aman esta postura objetan que una acción reprobable no dejará de serlo por la santificación del fin elegido. Ellos ven a la conducta humana como algo que se desarrolla a partir del cumplimiento de ciertas normas, con cierto cumplimiento del bien.
Digo que ambos se equivocan.
La naturaleza no es teleológica. El mundo no marcha hacia un final planeado, las aves no tienen alas para volar, sino que vuelan porque tienen alas. No hay un designio, ni un plan, ni una enseñanza subyacente en todo.
Pero eso no significa que nosotros no podamos legítimamente tener nuestros designios, nuestros planes y que hagamos nuestros aprendizajes.
Así que en un mundo que carece de sentido, finalidad y significado, nosotros vivimos en función de crear sentidos, fines y significados. Ese crear modelos explicativos es buena parte de ser humano.
Así que no podemos escapar a que muchas de las acciones humanas persiguen una teleología, pero no debemos olvidar que toda teleología es contingente -o sea no hay una ley natural que determine que necesariamente ha de ser así. Así que cuando pretendemos justificar teleológicamente las acciones, estamos elevando lo que puede o no ser -nuestra finalidad- al impropio rango de criterio regidor según el que todo se mide.
Pero por la misma razón, que no hay un sentido en las cosas en sí, toda determinación de lo bueno y lo malo será también contingente. Nosotros creemos que realizar un sacrificio humano en un rito es algo malo. Pero han habido pueblos, y algunos de ellos están en la génesis de nuestra cultura, que los practicaron, creyendo eran algo bueno. ¿Podemos establecer nuestro bien sobre el de ellos? ¿No hacerlo no nos conduce a un relativismo inaceptable y de terribles consecuencias?
Pues bien… no podemos establecer nuestro bien sobre el de ellos. Pero tampoco deseamos un relativismo inmovilizante. O que contribuya a una sociedad que no será un lugar para todos, sino un lugar para que cada uno abuse de los demás según su parecer, cuando le parezca.
Entonces yo entiendo que lo correcto se basa en entender las acciones humanas a partir de una comprensión de que las mismas son decididas según modelos ideológicos, más o menos comunes a grupos humanos. Esto es, nadie tiene una comprensión absolutamente personal del bien y del mal, pero tampoco nadie tiene una comprensión exacta a la de otros. Y por otro lado, ya que tomo ideología en el sentido marxista de “falsa conciencia”, toda comprensión del bien y del mal tiene como contra cara que naturaliza explicaciones contingentes como si fuesen necesarias.
Es porque para funcionar los grupos humanos necesitan certezas sobre la actuación del otro.
Pero ello nos permite entender que no se trata de un “bien y mal” inmutable, sino que con un conocimiento cierto de su naturaleza, podemos actuar para cambiar las definiciones socialmente aceptadas. Eso sólo puede lograrse en la medida de que no sean personas aisladas, sino grupos los que se hagan un propósito -político- de modificar la forma en que las sociedades funcionan, lo que implica naturalmente su cambio ético.
Ahora bien, una vez que hemos acometido el esfuerzo por transformar la sociedad -y muchos estamos en ese intento-, surge el tema de que las resistencias al cambio son realmente muy fuertes. Puede uno entonces, teniendo un conocimiento cierto, dialéctico, de lo real entender los obstáculos y los caminos -cuando haya más de uno- para llegar al fin propuesto.
Y aquí surge que una vez propuesto un fin, los caminos no son indiferentes a él.
Porque el fin está imbuido para su justificación de ciertas cualidades que se le asignan. Entonces no serán aceptables para su cumplimiento medios que pongan luego en riesgo a la finalidad planteada.
Si hacemos y pedimos a los otros esfuerzos para cambiar, no podemos olvidar que ese esfuerzo está siendo “seducido” por la finalidad planteada. No por los medios que se utilizan. (Y en el caso de que nuestros medios fuesen los seductores, estamos engañando con respecto a nuestros fines. Tal y cómo entiendo una sociedad mejor, jamás puede lograrse si la mentira es la norma, y las adhesiones en base a ella por lo tanto no conducirán a destino)
Así que una vez planteado una finalidad aceptable y deseada, si pedimos para su cumplimiento acciones que no son compatibles con la misma, lo que hacemos es estimular conductas que luego de continuarse harán que la finalidad no se de en su plenitud e incluso que fracase.
Por eso los fines determinan los medios. Porque sólo podemos elegir aquellos medios que luego permitirán sostener los fines que se plantearon, y no importa si los medios nos agradan o no, no habrán otros que sirvan en la tarea.
Lo político por encima de lo ético, o dicho de otro modo, la finalidad colectiva que incluye y es determinada por una cierta forma de entender el poder (tema que algún día habrá que desarrollar), es la base no relativa sobre la que se fija cuáles conductas serán buenas o no.