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29
may
08

Adversión a la enseñanza

niños en edad escolar a la salida de sus clasesEn la edición digital de Radio El Espectador correspondiente al 28 de Mayo de 2008 – clic para verla – aparece un reportaje a un ex legislador y ex miembro del CODICEN, blanco él, quién se refiere a la que llama una mala ley de educación, que se halla propuesta y en discusión parlamentaria y nacional. Además hay un enlace al análisis que ese señor hace del proyecto de ley. Voy a referirme a la entrevista y no al análisis, ya que lo contrario me haría extenderme más allá de lo que es conveniente en un artículo de una bitácora en la red.

Comienza su crítica diciendo que lamenta que el proyecto esté centrado en la reforma institucional. Sin embargo, cuado uno lee la entrevista, ve que la mayor crítica que realiza, la hace en referencia precisamente a lo institucional. Tal incongruencia, que por supuesto siempre espero en el discurso de los de su orientación política, está desde el inicio marcando un camino que se revelará pleno de contradicciones.

En cuánto a lo institucional, lo que este señor critica, no es otra cosa que el acceso -muy parcial, digo yo- de representantes de los docentes a las instancias superiores de conducción de la enseñanza. Dejo para otro momento las críticas que yo pueda hacer al proyecto, para entender ahora lo que esta visión critica: que los trabajadores participen en la decisión de la conducción de su actividad.

Tal postura, normal en un derechista, debe ser entendida especialmente en este tema. Como señala Althusser, la educación es un aparato de reproducción ideológica de estado. Así, sirve primeramente, para generar las condiciones ideológicas con las que la sociedad se reproduce a sí misma. El estado uruguayo capitalista en formación habilitó la reforma vareliana porque los futuros obreros necesitaban un mínimo de instrucción para operar las máquinas que se comenzaban a importar desde Europa. Otro ejemplo. Las reformas de la educación, por Sanguinetti y por Rama, tendieron a vaciar la educación de contenidos que pudiesen estimular una visión crítica de los educados sobre su realidad, para hacerlos más sumisos al sistema de ajustes permanentes que supone la conjunción inorgánica de recetas de corte neoliberal que aplicaron a nuestro país.

En el contexto actual, la reforma busca generar ciudadanos críticos, ciudadanos interesados y activos, con capacidad para insertarse de forma creativa y productiva en la vida nacional. Y ello naturalmente, implica un tipo de rol que la derecha nunca verá con buenos ojos.

Sus argumentos desvelados quedan cuando muestra como su desvelo es que con esta reforma la izquierda mantendría el control de la enseñanza, incluso perdiendo las elecciones. ¡Pues bienvenido sea!.

Más allá de que no creo que la izquierda pierda las elecciones nacionales, la izquierda uruguaya, el Frente Amplio, es la expresión organizada del pueblo uruguayo. Los partidos de derecha, son naturalmente la expresión de pequeños grupos de interés y de clase, que consiguen votos a través de la acción enajenada ideológicamente de sus votantes.

Y por eso patalean.

Porque saben que con esta enseñanza que está en ciernes, se irán acotando más y más los márgenes para sus manejos, para la mentira ideológica, para su utilización del pueblo en contra de sí mismo.

Por eso apuntan a los educadores y dicen… “si ellos eligen dos representantes en cinco, tendrán siempre mayoría”. Disparate. Porque dos en cinco son minoría. Y si los de la derecha ganasen las elecciones no concederían ningún otro cargo en el CODICEN a ningún frentista.

Pero la mentira va más lejos. Proponen un CODICEN de siete miembros con un delegado de los trabajadores, para que el control de la enseñanza se perpetúe en manos de los políticos de la orgánica que ellos integran. No han comprendido que el tiempo de la política ajena a los procesos sociales es algo acabado. Que el político de la tradición liberal, sin inserción de clase, es tema que ya no engaña.

La necesidad de compromiso en la gestión de los docentes, es la misma que la necesidad de compromiso de los trabajadores de cualquier otra actividad. Pero acá se está ante algo de especial relevancia. Los docentes tienen una formación técnica específica, y un compromiso práctico específico, con lo que se constituyen en la unión más clara de práctica y teoría, en los portadores de una praxis inexorable. Por eso les temen, porque pondrían en el banquillo toda la mentira que las recetas importadas en educación han estado presentando durante los últimos decenios.

Para ir cerrando, luego reclama “laicidad”. ¿Y qué es laicidad?. Cuando la reforma vareliana planteó la misma, lo que hacía era una toma de posición política -impulsada por la masonería- contra la iglesia católica. La laicidad nunca fue apoliticidad. Todo lo contrario.

Lo que reclama bajo el nombre de “laicidad” e “imparcialidad” no es sino la continuación de un discurso anodino que les permita seguir medrando. Que las mentiras sobre todas las cosas que han repetido durante ciento setenta y cinco años de historia no sean revisadas.

Pero esa revisión se está haciendo. Se hacía ya incluso por parte de algunos docentes que arriesgaban más allá de los mandatos del sistema vigente. Y se seguirá haciendo.

Para muestras de mentiras y contradicciones, la frutilla de la torta: ahora reclaman un gran debate nacional, cuando se negaron a participar en el Debate Educativo hacia el Congreso Nacional de Educación.

¡Cuánta hipocresía!




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