La suba internacional de los precios de alimentos merece dos consideraciones diferentes, una a nivel internacional, y otra por su incidencia en el Uruguay actual. Comencemos por el mundo en general.
Los precios de los alimentos han salido en los últimos tiempos en disparada al alza. También el petróleo lo ha hecho. Sin embargo, nada indica que ahora cueste más esfuerzo plantar papas que antes, o extraer cierta cantidad de oro negro. ¿Entonces porqué suben?
En una sociedad capitalista, los precios de las mercaderías no corresponden ni al valor de su producción ni al de su uso, sino que por un proceso complejo mejor explicado en otros lugares, los precios se “independizan” de la realidad a la que refieren. Entonces, la diferencia de valor resultante entre distintos precios termina generado diferencias de riquezas entre clases, y siendo el sustento del poder vigente en cada momento dado.
Ahora bien, los dos precios que se disparan, pueden ser leídos a la ligera cómo parte de una misma explicación: al subir el precio del petróleo, los alimentos para cuya producción se utilizan derivados del mismo aumentan de valor. La explicación es correcta para parte de la suba del precio, no para toda ella.
La siguiente propuesta de explicación es que determinados alimentos se producen ya no para alimentar, sino para producir combustibles, o para “alimentar alimento” -soya para alimentar vacas-. Esto produce que la cantidad de alimento destinado a consumo humano baje, con lo que el nivel de precios de los alimentos al ser “pujado” en subasta tiende a ascender. También es cierto, pero no es explicación suficiente.
A todo lo anterior, tenemos ahora que sumarle el “boom agrario” en las bolsas de los países centrales, unido a la necesidad de éstos de encontrar formas por las cuáles puedan mantener el poder en un mundo sin petróleo, o con muy poco, o a precios exorbitantes.
El “boom” se produce cuando el dinero que solía invertirse en cuestiones inmobiliarias en los últimos años, ahora desespera buscando refugio. Las dos primeras causas citadas, ya empujaban los precios de alimentos al alza. La entrada de la especulación bursátil al tema de los alimentos, como espacio “seguro” y “fuerte” en cuanto a ganancias hace el resto del juego.
Pero además, el problema a los países centrales del control internacional en un mundo “sin petróleo” -no se lea en sentido estricto, sino según detallamos más arriba- les resulta crucial. Tanto EUNA, como Gran Bretaña, Holanda, etcétera disponían o de recursos petroleros propios, o de compañías nacionales que controlaban producción en otros lugares. El petróleo sin embargo, tal y cómo se sabía hace décadas, se iba a terminar. Ese fin es independiente del hallazgo de nuevos yacimientos: en tato el sistema de producción capitalista tiende al derroche y no a la sistematización del uso de los recursos, el incremento constante del consumo de petróleo terminaría agotando años más o menos, todo nuevo yacimiento.
En cualquier caso, la suba del precio tiene que ver con el próximo agotamiento de reservas en varios lugares. Así que los que aún las tienen -incluso hipotéticos nuevos miembros del club- moderarán su producción para continuar beneficiándose de precios altos.
¿Cómo hacer entonces para mantener el control y no caer en trampas similares a 1974, tal vez aún peores?
Lo fundamental para todo ser humano, es el alimento. Sin él la vida no es posible.
Entonces, los países centrales han desplazado su interés primordial al control de la producción alimenticia. Entre otras cosas, con la producción de “genética de marca” la cuál por cierto… es de semillas estériles, a fin de que se siga comprando.
El gran problema evidente de los transgénicos, no es biológico -que probablemente también exista, pero en tanto problema técnico, es menos evidente-. Es el problema político y económico del traslado de riqueza de los países productores de alimentos hacia los mismos pocos países ricos de siempre. Este traslado de fondos, permite luego mayor acción bursátil sobre los precios, suba adicional, y constituye un circuito que se auto alimenta. Al ser un circuito falaz, que no refiere a la realidad del trabajo, en algún momento falla.
Cuando se produce las crisis, el costo de las mismas es trasferido, inequívocamente, al Tercer Mundo. Por ello ahora no sólo suben los alimentos, sino que suben en un contexto que augura mayor pobreza y más hambre. No es raro el fracaso de la reunión de la FAO pocos días atrás.
El capitalismo una vez más apela al gatorpardismo para intentar continuar su ciclo criminal. Dependerá de muchos que ello deje de ocurrir de tal modo.











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